10 La Rueda de la Fortuna





10 LA RUEDA DE FORTUNA
Engel:  Rueda, cambio, tiempo, ciclo, progreso, suerte, ruleta de la vida, juego, lo pasajero.
Hales: Cambios, el mundo se mueve, energías que fluyen, karma y vidas pasadas. La contribución al mundo. Ritmo, ciclos. Destino. Momento decisivo. Cambios no manejados. Movimiento.

Jodorowsky: ¿Qué ciclo de mi vida ha terminado? ¿Qué debe cambiar? ¿Qué o quién me puede ayudar? ¿Cuáles son mis oportunidades? ¿Qué es lo que no ceso de repetir? ¿Me dejo abatir por el fracaso o lo tomo como un cambio de camino? ¿Qué es lo que me ata enfermizamente al pasado?

10. LA RUEDA DE LA FORTUNA: LAS TRES MOIRAS EN EL TAROT MÍTICO

La carta de la Rueda de la Fortuna retrata a tres mujeres sentadas en una cueva oscura. La primera es joven e hila un hilo con un huso de oro. La segunda es hermosa y madura y mide un trozo de hilo entre sus manos. La tercera es vieja y sujeta un par de tijeras. En el centro, entre ellas, hay una rueda de oro, alrededor de la cual se pueden ver cuatro figuras humanas en distintas posturas. A través de la boca de la cueva se observa un fértil paisaje verde.

SIMBOLOGÍA
La cueva sugiere a la vez el vientre del que sale la vida y la tumba a la que vuelve: el principio y el fin del destino.
Las tres edades de las Moiras reflejan las fases lunares: luna creciente, luna llena y, finalmente, la que no se ve, las tres etapas de cada vida humana.
El hilo que las Moiras hilan, miden y cortan está relacionado con la trama de los tejidos del cuerpo que tiene lugar en el útero, sugiriendo de ese modo que el destino está sujeto a la herencia y al propio cuerpo.

RELATO DEL MITO: Aquí encontramos a las tres diosas del Destino, que los griegos llamaban Moiras. Según la mitología, las Moiras eran hijas de la Madre Noche y habían sido concebidas sin padre. Cloto era la que hilaba, Láquesis la que medía y Atropo, cuyo nombre quiere decir "la que no se puede evitar", la que cortaba. Las tres Parcas, llamadas así en la mitología romana, urdían el hilo de una vida humana en la oscuridad secreta de su cueva, y su trabajo no lo podía hacer ningún dios, ni siquiera el gran Zeus. Una vez que se urdía el destino de un individuo, eso era irrevocable, y no podía ser alterado, y la longitud de la vida y el tiempo de la muerte eran la parte y el lote del cupo que las Moiras adjudicaban. Si un individuo intentaba desafiar al destino, como a veces hacían los héroes, entonces padecía de lo que llamaban ubris, que quiere decir arrogancia ante los dioses. Dicho individuo no podía, naturalmente, escapar a su destino, y a veces era castigado severamente por los dioses por intentar transgredir los límites establecidos por las Moiras. En una versión de la mitología, se dice que Apolo, el dios-sol, en una ocasión se burló de las Moiras y maliciosamente las emborrachó para salvar a su amigo Admetus de la muerte. Pero se creía normalmente que el mismo Zeus tenía miedo de las profundidades de la noche, que era el poder más antiguo del Universo.

SIGNIFICADO DE LA LÁMINA: A nivel interno, las tres Moiras que tienen en su poder la Rueda de la Fortuna son imagen de una ley profunda y misteriosa que funciona en el individuo, que no se conoce ni se ve, pero que al parecer apresura los cambios repentinos de la fortuna que dan un vuelco al proyecto de vida establecido. Las cuatro figuras humanas sobre la Rueda representan diferentes experiencias de la Fortuna, porque, cuando la vida se atraviesa de este modo, nosotros en un principio no miramos detrás de la rueda para ver qué es lo que ha originado el cambio, sino que estamos preocupados con nuestras propias reacciones. El hombre que está arriba ha sido catapultado al éxito por la vuelta de la Rueda, mientras que el hombre que está abajo ha sido arruinado por la que él cree que es la "mala suerte", la firma invisible de algún plan misterioso que está funcionando. El hombre de la derecha ha empezado su ascenso, ayudado por ese mismo poder oculto que ha encumbrado a una persona y ha arruinado a otra; mientras que el hombre de la izquierda, en contra de su voluntad, ha iniciado su descenso, porque la Rueda ha dado la vuelta y su "suerte" se está viniendo abajo.

Pero la carta de la Rueda de la Fortuna no significa en realidad las vueltas de la suerte, una casualidad o un accidente. Detrás de la Rueda están las Moiras, y detrás de los cambios aparentemente fortuitos de la vida hay un plan inteligente y ordenado.

Estas figuras antiguas están dentro de nosotros, hundidas en el vientre del subconsciente, aunque no forman parte de la personalidad consciente. Nosotros llegamos a darnos cuenta de ellas a través de sus efectos externos, que sentimos como el Destino, aunque no proceden de ningún poder externo, sino de dentro, de las profundidades del alma.
La experiencia de la Rueda de la Fortuna es, en realidad, una experiencia de ese "Otro" que está en nosotros, que normalmente proyectamos en el mundo de fuera, echando así la culpa de nuestros repentinos cambios de fortuna a alguien o a algo fuera de nosotros mismos. La vuelta de la Rueda nos fuerza a darnos cuenta de este Otro, el movimiento inteligente detrás de la Rueda, que es el destino que llevamos cada uno dentro de nosotros. La imagen de la misma Rueda es algo profundo, porque el aro en movimiento es como el panorama en movimiento de la vida con que tropezamos; pero el eje queda justo en el centro, una esencia o fuente constante e inmutable. Por eso el eje es como un "Yo" oculto que "decide" (aunque no es una decisión del yo consciente) dirigirse hacia distintas situaciones, acontecimientos, caminos y personas. No es el destino el que viene a buscarnos; más bien somos nosotros los que vamos a buscar nuestro destino. En la carta de la Suma Sacerdotisa, el Loco encuentra esta facultad intuitiva en sí mismo, personificada por Perséfone, que puede vislumbrar este plan funcionando. 

Aquí, en la carta de la Rueda de la Fortuna, el Loco se encuentra con lo que hila el designio, la fuente de la vida misma, apartada e invisible, más vieja que el más viejo de los dioses, con un poder absoluto que ni siquiera el rey de los dioses se atreve a desafiar. Incluso el espíritu está sometido a las órdenes de este centro invisible que los griegos imaginaban como las tres Moiras, y que nos sacude de nuestra complacencia y de nuestra ilusión de control. La dificultad y hasta el temor que algunas personas sienten hacia los estudios tales como el Tarot, la astrología y otras artes mánticas puede que proceda en parte de la inquietud que se produce cuando la personalidad consciente, acostumbrada a las decisiones y a la imaginación de la voluntad omnipotente, en enfrenta al Otro en las profundidades. Por mucho que nos afecte, no está en nuestro poder controlarlo, igual que Zeus tiene que temer a las Moiras. Por eso la Rueda es más que un indicador de cambio. Es un heraldo de un profundo camino interior a través del cual el Loco, la imagen de nosotros mismos, poco a poco llega a ceder ante su propio destino.




10 - La Rueda de la Fortuna (Tarot Rider Waite)

Durante el transcurso de los siglos, esta carta ha sido objeto de muchas modificaciones. La presente versión se halla perfectamente de acuerdo con la iconografía ocultista del siglo diecinueve sobre la que se inspiró Waite, sin dejar de precisar los motivos de su elección.
Según Waite, es legítimo utilizar el simbolismo egipcio cuando sirve para aclarar procesos existenciales y espirituales, a condición de que no sea implicada ninguna teoría sobre los orígenes del tarot y de las tradiciones esotéricas en general porque, en realidad, esta historia es mucho más compleja.

Por ello, en la versión proporcionada por Waite y sus epígonos, esta figura consiste en un talismán circular que brilla en el cielo, aparentemente sostenido por una criatura diabólica y coronada por una esfinge que lleva una espada.

Este simbolismo no es exclusivamente egipcio, puesto que en los ángulos de la carta aparecen las cuatro criaturas vivientes de Ezequiel y en el centro está la rueda de esa misma visión mística.

Esta representación simbólica nos sugiere el movimiento continuo de un universo mutable, así como el transcurrir de la vida humana, mientras que la esfinge representa el equilibrio en su interior. La palabra «Tarot» está inscrita en el interior de la rueda y puede ser leída a la inversa, resultando «Rota».



A estas letras se les ha intercalado otras letras del nombre de Dios (HVH, en el alfabeto hebreo) para demostrar que la Providencia está en todas partes y en todas las cosas. Pero ésta es la intención Divina que hay en su interior, mientras que una intención análoga exterior se halla ejemplarizada por las cuatro criaturas.

09 El Ermitaño





9 EL ERMITAÑO
Engel:  Prudencia, sobriedad, sabiduría, guía, ayuda, desapego, silencio, retiro.
Hales: Procesos profundos. Encuentro con la sabiduría. Lo que está en el interior, lo que se entrega y se exhibe. Psicólogo.  El llamado interior. Salir, iluminar. Introspección, búsqueda, orientación, soledad.

Jodorowsky: ¿En qué o quién creo? ¿Qué es lo que más sé? ¿De qué o quien me estoy alejando? ¿Qué es lo que deseo enseñar? ¿¿Estoy en crisis con quién o con qué? ¿Qué debo sacrificar o abandonar? ¿Hacia dónde voy, diciéndome que no sé hacia donde voy? ¿Por qué he provocado mi soledad?

9. EL ERMITAÑO: EL REY CRONOS EN EL TAROT MÍTICO

La carta del Ermitaño retrata a un viejo con una barba gris, vestido con una túnica también gris, con su cara medio tapada por una capucha. En su mano derecha sujeta una lámpara que se enciende con una brillante luz dorada. En su mano izquierda empuña una guadaña. Un cuervo está encaramado sobre su hombro. Detrás de él, un frío paisaje brumoso de montañas grises se vierte en un agobiante cielo gris.

SIMBOLOGÍA
El cuervo es el pájaro de Cronos porque se pensaba que era la encarnación del espíritu del viejo rey que fue muerto para dejar paso al nuevo ciclo.
La hoja creciente de la guadaña es también la luna creciente, otorgada a Cronos por su madre Gea, y que simboliza las fluctuaciones eternas y los ciclos del tiempo.
La lámpara que sujeta Cronos es la lámpara del discernimiento y del entendimiento rebuscada por la soledad y la paciencia que implica la carta del Ermitaño.

RELATO DEL MITO: Aquí encontramos al anciano dios Cronos, cuyo nombre significa Tiempo. Según la mitología, Urano (el cielo) y Gea (la Tierra) se casaron y formaron la primera raza, la de los Titanes o dioses de la Tierra, de la que Cronos fue el más joven. Pero Urano contemplaba a sus hijos con horror, porque eran muy feos e imperfectos y hechos de carne. Por eso encerró a los Titanes en las profundidades del mundo subterráneo para que no pudieran ofender a sus ojos. Pero Gea se enfadó y meditó una terrible venganza contra su esposo. Sacó de su seno un pedernal, fabricó una guadaña afilada y se la dio al astuto Cronos, su último retoño. Cuando por la tarde bajó Urano, fue, como de costumbre, a reunirse con su esposa. Mientras dormía tranquilo, Cronos, que con la ayuda de su madre estaba agazapado, se armó con una guadaña, castró a su padre y echó sus genitales sangrantes al mar.

Luego Cronos liberó a sus hermanos y se convirtió en el soberano de la Tierra. Bajo su largo y paciente reinado, la labor de la Creación llegó a su término. Este tiempo en la Tierra llegó a conocerse como la Edad de Oro, a causa de la abundancia que Cronos presidió. Como dios del Tiempo, presidía el paso ordenado de las estaciones, el nacimiento y crecimiento seguido de la muerte, y la gestación y el renacimiento. Fue adorado tanto como un inflexible segador que fijaba los límites que el hombre y la naturaleza no podían sobrepasar, que como dios de la fertilidad.

Pero Cronos no podía aceptar él mismo las leyes cíclicas que había inaugurado, porque, cuando le profetizaron que algún día su propio hijo le destronaría como hizo él con su padre Urano, devoró a sus hijos tan pronto como nacían, para poder preservar su gobierno sin cambios. De este modo sigue la historia de Zeus, el más joven de los hijos de Cronos, al que encontramos en la carta del Emperador y que, según la mitología, destronó a Cronos e introdujo a los dioses en el reino del Olimpo. Cronos fue desterrado, algunos dicen que a las Islas Benditas, donde duerme, aguardando el comienzo de una nueva Edad de Oro.

SIGNIFICADO DE LA LÁMINA: A nivel interno, Cronos, el Ermitaño, es una imagen de la última de las cuatro Lecciones Morales que el Loco debe aprender: la lección del tiempo y de las limitaciones de la vida mortal. Nada puede vivir más allá de su espacio, y nada permanece inmutable, y ésta es una faceta sencilla y evidente de la vida, que, a pesar de su sencillez y su evidencia, nos es difícil aprender y muchas veces sólo con la edad y la dureza de las experiencias conseguimos comprenderla. Cronos es un dios que lo mismo encarna el sentido del tiempo como se rebela contra él. Así él es humillado y destronado, y aprende la sabiduría en la soledad y en el silencio. En muchos aspectos es una imagen del mismo cuerpo, que inexorablemente se hace viejo, aunque se rebela contra su destino mortal. El problema de la soledad y el descubrimiento de que uno es fundamentalmente solo y mortal son los dilemas que todos los seres humanos deben afrontar. Aceptar esta condición es también, en un sentido misterioso, una verdadera separación interior de los padres y de la niñez, porque significa renunciar a la fantasía de que algún día, en alguna parte, alguien llegue y por arte de magia lo haga todo mejor. "Y entonces vivieron felices para siempre" es un sentimiento que no puede sobrevivir en el mundo de Cronos. La juventud da paso a la madurez, y no se puede nunca recobrar en ningún aspecto concreto; pero el recuerdo y la sabiduría han destilado del paso del tiempo, como también el regalo de la paciencia.

La lección del Ermitaño es de las que no se pueden aprender por la lucha y la conquista. Por eso Cronos está en contraposición con Hércules, porque la lucha no debe parar con el tiempo. Sólo la aceptación del tiempo otorga los premios de la Edad de Oro de Cronos. A través de la limitación impuesta y a través de las circunstancias que sólo el tiempo, no la lucha, puede aliviar, el Loco desarrolla la postura reflexiva, introvertida y solitaria, de el Ermitaño. Por eso Cronos es, en ciertos aspectos, una imagen de la humildad, que muchas veces empieza con la humillación ante aquello que no podemos cambiar, pero que puede dar como resultado una cualidad de tranquilidad y serenidad sin la cual no podríamos soportar los obstáculos y contratiempos que la vida acarrea. Por muy listo que sea el intelecto, por muy caliente que sea el corazón, por muy fuerte que sea el sentimiento de identidad, las vicisitudes de la vida nos harían pedazos si fuéramos incapaces de encontrar en alguna parte de nuestro interior la paciencia y la prudencia del Ermitaño, que nos enseña cómo aguantar y esperar en silencio. El lado negativo de Cronos es la calcificación, una obstinada resistencia al cambio y al paso del tiempo. En cambio, el lado creativo de este dios anciano y ambivalente es la agudeza para cambiar lo que podemos cambiar, aceptar lo que no podemos cambiar y aguardar en silencio hasta que podamos distinguir la diferencia.



09 -El Ermitaño (Tarot Rider Waite)

La diversidad con respecto a los modelos convencionales de esta carta radica simplemente en el candil dentro del cual brilla una estrella.
Los magos del siglo XIX han interpretado esta figura como un sabio en busca de la justicia y de la verdad; otros la ven como una alegoría de las experiencias adquiridas durante el transcurso de la vida.
La luz encendida significa la luz de la inteligencia que debe extenderse sobre el pasado, el presente y el futuro.

La capa representa la discreción. El bastón representa el apoyo que la virtud de la prudencia otorga a aquel que no desvela sus propios pensamientos. En resumen, el silencio y el aislamiento del Ermitaño representarían una protección del magnetismo y del carisma personal.
Sin embargo, según Waite, la figura del Ermitaño no representa a aquel que oculta los Misterios tras haberlos poseído sino que, en cierto sentido, representa los Misterios en sí mismos o, mejor dicho, al anciano que ofrece su luz al Mundo y se protege de aquellos que todavía no están preparados para recibirla.

08 La Justicia





8 LA JUSTICIA
Engel:  Equilibrio, ajuste, actuar salomónicamente, sopesar, legalidad, belleza,paz, tomar decisiones.
Hales: Equilibrio, decisiones, orden. Lo racional. Separaciones. Serenidad. Lo formal, lo justo. Responsabilidad. Causa y efecto.
Jodorowsky: ¿Qué debo cortar de mi vida? ¿Qué ideas debo eliminar? ¿De quién o quiénes me debo separar? ¿Qué debo equilibrar, armonizar? ¿Me estoy dando lo que merezco? ¿A quién debo castigar? ¿De qué me siento culpable?


Pensamiento equilibrado, resolución imparcial.
Claridad, planificación objetiva.
Su inclinación para la lucha por los principios más que por las pasiones, emana de la capacidad de la mente para tomar decisiones basadas en la reflexión, controlando los instintos.
Una de las 4 lecciones morales del Loco.


8. LA JUSTICIA: LA DIOSA ATENEA EN EL TAROT MÍTICO

La carta de la Justicia retrata a una joven de belleza severa, con un casco de plata y una armadura, sentada en un trono de oro. En su mano derecha sostiene una espada inhiesta. En la izquierda sostiene dos platillos. Su cabello rubio y su vestido blanco imitan la pureza de las dos columnas blancas y del pórtico que la enmarcan. Bajo sus pies hay un suelo de mármol negro y blanco. Un búho está encaramado en su hombro izquierdo.

SIMBOLOGÍA
La espada es el emblema de la resolución justa, es la sabiduría que traspasa las apariencias e ilusiones engañosas para encontrar la verdad. Esta espada es de dos filos porque hace referencia a la dualidad de la mente, es decir, el cielo y el infierno están en nosotros mismos, y es precisamente a nosotros a quién nos corresponde usarla en uno u otro sentido: positivamente o negativamente.

El suelo dibujado en blanco y negro sugiere la capacidad de la mente para integrar a la vez la oscuridad y la luz en su diseño ordenado y coherente.
El búho, el pájaro de Atenea, refleja su claridad de visión, ya que puede ver y cazar a su presa en la oscuridad.
Los platillos simbolizan la capacidad para sopesar las cosas unas con otras a fin de llegar a un juicio imparcial. En la mitología, se dice que Atenea inventó el primer jurado humano.

RELATO DEL MITO: Aquí encontramos a Atenea, diosa de la Justicia, a la que antes vimos en la carta de los Enamorados. Según la mitología, su padre era Zeus, rey de los dioses, que había sido advertido por Urano, el dios del cielo, que si tenía un hijo con su primera mujer, Metis, diosa de la sabiduría, éste sería más poderoso que él. Para prevenir esa eventualidad, devoró a Metis antes de que hubiera dado a luz a la criatura que llevaba dentro. Algún tiempo después, Zeus fue atormentado por un insoportable dolor de cabeza. Para curarle, Hefesto, el dios del fuego, partió su cabeza con un hacha de bronce, y de la herida abierta saltó Atenea, completamente armada, lanzando un triunfante grito de victoria. Al verla, todos los Inmortales no salían de su asombro y se llenaron de temor. La diosa se convirtió en la preferida de los hijos de Zeus, y su predilección por ella era tan marcada que suscitaba los celos de los otros dioses.

Las inclinaciones guerreras de Atenea aparecieron inmediatamente en su nacimiento, aunque ella era distinta a Ares, el dios de la guerra, en muchos aspectos. Las artes de la guerra que Atenea cultivaba no se basaban en el deseo de lucha y de derramamiento de sangre. Surgían más bien de altos principios y del reconocimiento frío de la necesidad de defender y conservar la verdad. Ella era una estratega más que una brutal luchadora, y equilibraba la agresividad y la fuerza física de Ares con la lógica, la diplomacia y la destreza. Ella protegía al bravo y valiente, y se convirtió en la guardiana de muchos héroes. Pero la protección que ofrecía a Perseo, Ulises y otros famosos guerreros consistía siempre en armas que tenían que ser usadas con inteligencia, prudencia y planificación.

Atenea era una excepción sorprendente en la sociedad Olímpica, debido a su castidad. Ella también rindió un notable servicio a la humanidad. Enseñó el arte de domar a los caballos y fomentó habilidades y destrezas tales como tejer y bordar. Sus actividades no se referían solamente al trabajo útil, sino también a la creación artística. Por eso era una diosa civilizadora, aunque se convertía en guerrera cuando era preciso para proteger la civilización pacífica que ella había creado.

SIGNIFICADO DE LA LÁMINA: A nivel interior, Atenea, diosa de la Justicia, es una imagen de la facultad únicamente humana del juicio reflexivo y del pensamiento racional. Para los griegos, esta facultad era divina, ya que diferenciaba al hombre de los animales. Por eso representaban a Atenea nacida de la cabeza del gran Zeus, incontaminada por una madre corporal que pudiera atarla al mundo físico e instintivo que compartimos con los animales. Los juicios de Atenea no se basan en sentimientos personales, sino en una valoración imparcial y objetiva de todos los datos contenidos en una situación, y en unos principios éticos que se mantienen como constantes líneas de conductas a seguir.

La castidad de Atenea puede ser tomada como un símbolo de la entereza y la pureza de esta facultad reflexiva, que no está influenciada por el deseo personal. Su enseñanza de las artes civilizadas refleja también la capacidad de la mente para domeñar a la naturaleza indómita y transformarla a través de la claridad y de la planificación objetiva. Su inclinación para la lucha por los principios más que por las pasiones, emana de la capacidad de la mente para tomar decisiones basadas en la reflexión, controlando los instintos.

La carta de la Justicia es la primera de las cuatro cartas de los Arcanos Mayores que fueron tradicionalmente llamadas las Cuatro Lecciones Morales. Estas cartas -la Justicia, la Templanza, la Fuerza y el Ermitaño- están todas relacionadas con estas facultades del individuo, que necesitamos para funcionar efectivamente en la vida. Todas ellas contribuyen a lo que la psicología llama la formación del ego, que quiere decir el sentido del "Yo" que cada uno de nosotros ha de tener para experimentar un sentimiento de importancia y de valor en la vida, y para hacer frente a los desafíos de la vida desde una base estable y verdaderamente individual. El Loco, después de haber pasado por los dos grandes desafíos de la juventud -el deseo erótico y la agresividad- ahora afronta la necesidad de formar su carácter y desarrollar facultades que le ayudarán a desenvolverse ante la larga lista de experiencias de la vida. Por eso, cuando del Loco encuentra a Atenea, la diosa de la Justicia, tiene que aprender a pensar con claridad y a cultivar la facultad de una mente equilibrada. Tiene que aprender a calibrar las cosas -lo que no podía hacer todavía en la carta de los Enamorados- y llegar a formular un juicio lo más imparcial posible. La Justicia no se puede dar a menos que respetemos la honradez y la verdad como principios éticos importantes más que como un modo de conducta exquisito que adoptamos porque queremos agradar a los demás. Atenea nos eleva por encima de la naturaleza, y representa nuestro esfuerzo hacia una perfección concebida por la mente humana y el espíritu.



La Justicia (Tarot Rider Waite) Carta 11

Según Waite, la mujer sentada entre dos pilares, al igual que la Papisa, representa el principio moral que trata a cada hombre de acuerdo con sus acciones.

Naturalmente, se halla estrechamente vinculada con las cosas más elevadas pero, en su esencia, difiere de la justicia espiritual.
Esta última pertenece a un misterioso orden de la Providencia, en virtud de la cual es posible para algunos predestinados el poder llegar a entregarse totalmente a cosas más elevadas.

Esta operación, que equivale a la paz espiritual, es análoga a la posesión de los dones mágicos y de la gracia, así como de las elevadas cualidades del poeta; las poseamos o no, su presencia es un misterio, tal y como también lo es su ausencia.

Sin embargo, la ley de la justicia no posee otra alternativa. En resumen, los pilares de la Justicia nos introducen en un mundo y el de la Papisa en otro.



07 El Carro





7 EL CARRO
Engel:  Equilibrio sobre las emociones, dinamismo, victoria, traslado, viaje,
Hales: Madurez, manejo de vida, victoria, viajes. Control. Voluntad. Autoafirmación.
Jodorowsky: ¿De dónde vengo, donde estoy, adónde voy? ¿Estoy logrando realizar lo que me había propuesto? ¿Estoy triunfando o estoy fracasando? ¿Cuál es la sabiduría o doctrina que me guía? ¿Creo verdaderamente en lo que digo que creo? ¿En qué me admiro, en qué desprecio? ¿Cuáles son mis aliados?


7. EL CARRO: EL DIOS ARES EN EL TAROT MÍTICO

La carta del Carro retrata a un hombre hermoso y viril, con un pelo rizado de color castaño rojizo, y la tez colorada, conduciendo un carro de guerra de bronce y una túnica roja como la sangre. En su cadera hay un escudo de bronce, y en su costado se balancea una gran lanza. El empuña las riendas de los dos caballos, uno blanco y otro negro, que tiran hacia direcciones opuestas ante él. El camino polvoriento por el que viaja serpentea hacia un paisaje rojizo, como un desierto, mientras que el cielo amenaza con una tormenta inminente.

SIMBOLOGÍA
El paisaje desértico que atraviesa Ares carece de agua: una imagen de la falta de sentimiento y comunicación en la que prosperan los impulsos agresivos. Ares y Afrodita no se han atraído aun mutuamente, como quiera que los instintos de lucha y de unión están de algún modo secretamente relacionados.
La lanza de Ares es el símbolo tradicional de la masculinidad: una imagen del poder fálico y de la potencia, tanto en los hombres como en las mujeres.
El caballo negro y el caballo blanco, como las dos columnas de la Suma Sacerdotisa, reflejan la potencialidad, tanto para bien como para mal, contenida en el instinto agresivo.

RELATO DEL MITO: Aquí encontramos a Ares, dios de la guerra, que, según la mitología, fue concebido por Hera, reina de los dioses, sin semen masculino. Como dios de la guerra, Ares disfrutaba peleando. Sus dos escuderos, Deimos (Miedo) y Fobos (Terror) -posiblemente sus hijos- le acompañaban en el campo de batalla. A diferencia de la diosa Atenea, que, como divinidad de la guerra, representaba la estrategia fría y la logística, Ares amaba el ardor y la gloria de la batalla en sí misma, y el desahogo exultante de su fuerza al desafiar a los enemigos. 

Ares era, en muchos aspectos, un dios que no despertaba simpatías, porque se le asociaba con la lucha y con el derramamiento de sangre, y el Olímpico Zeus y Atenea le detestaban por su fuerza bruta y por su falta de finura. Pero Afrodita, diosa del amor sensual, tenía diferentes gustos. Impresionada por el vigor del hermoso guerrero, al que sin duda comparaba con su repulsivo esposo Hefesto, dios del fuego, se enamoró de Ares. Muy pronto el sentimiento fue recíproco. Ares aprovechó sin escrúpulos la ausencia de Hefesto para deshonrar el lecho marital. Pero el marido descubrió el adulterio y planeó una venganza ingeniosa. Forjó en secreto una malla tan fina que no se podía ver, pero tan fuerte que no se podía romper. Colocó esta red encima de la cama donde los amantes solían retozar. Cuando la pareja volviera a hacer el amor y posteriormente se quedaran dormidos, la red invisible se extendería sobre ellos, y Hefesto llamaría a todos los dioses para que presenciaran la vergüenza de su esposa y de su amante. Pero el ardor de Ares no fue extinguido por su turbación y más tarde, de su unión con Afrodita, nació una hija, Armonía, cuya cualidad, como su nombre indica, era un armonioso equilibrio de amor y lucha.

SIGNIFICADO DE LA LÁMINA: A nivel interno, Ares, el conductor del Carro, es una imagen de los instintos agresivos guiados y dirigidos por la voluntad de la conciencia. Los caballos que tiran del Carro en direcciones opuestas son retratos de los impulsos animales que están en pugna dentro de nosotros, impulsos llenos de vitalidad y reacios todavía a trabajar en armonía. Deben ser manejados con fuerza y con firmeza, sin reprimirlos ni forzarlos, o perderemos el poder y la fuerza para defendernos en la vida y seguir nuestro camino. 
Ares, el dios sin padre, es en cierto aspecto una imagen de la agresividad natural y de los instintos competitivos del propio cuerpo, porque él carece del padre espiritual arquetípico que podía proporcionarle la visión y el significado. Pero su voluntad férrea y su gran valor son una dimensión necesaria de la forma del ser humano, porque la visión espiritual por sí sola no es suficiente para sobrevivir en un mundo competitivo y difícil.

Tras haber suscitado un conflicto como resultado de sus elecciones en el amor, el Loco ha de enfrentarse ahora con la segunda gran lección de la vida: el aparato creativo de los violentos y turbulentos impulsos de la naturaleza instintiva. Por eso, a través de la figura de Ares, llega a la madurez.
En la carta de los Enamorados, el Loco es todavía un adolescente, impulsado por románticos sueños y por el deseo de poseer un objeto bonito. Pero a través del Carro aprende a hacerse responsable de sus acciones como un hombre, y afronta la cólera y el conflicto que ha generado tanto dentro como fuera de sí mismo.
Como el Loco, nosotros debemos aprender a luchar con nuestros enemigos y con los impulsos guerreros que hay en nosotros mismos, si queremos sobrevivir en la jungla de la vida.

En la mitología, Ares siempre se mete en líos, bien por una disputa enojosa con alguien, bien por la cruel persecución de un objeto amoroso. Pero él sobrevive a todas sus humillaciones y derrotas, y sale fortalecido. Por fin engendra una criatura que encarna la serenidad que se puede encontrar al final de un conflicto que ha sido llevado de forma creativa. La lucha que Ares encarna es una experiencia necesaria. Aunque intentemos llegar a estar espiritualmente comprometidos a amar generosamente, las tendencias agresivas que hay en nosotros no mueren. Pueden ser rechazadas y relegadas al subconsciente, donde vuelven a surgir como enfermedad o son proyectados sobre otros que entonces desatan agresividad sobre nosotros. Pero si conseguimos hallar el reto de Ares, entonces podemos ser más honrados con esta fuerza vital que tenemos dentro, y la lucha por aprender a contenerla y dirigirla fomenta el desarrollo de toda la personalidad.



07 – El Carro (Tarot Rider Waite)

Un príncipe está de pie sobre un carro, sujetando un pequeño bastón con la mano, símbolo de un poder limitado. Sobre los hombros del victorioso héroe, se supone que están Urim y Thummin.

El ha vencido la cautividad. Es un conquistador bajo todos los puntos de vista: en el plano intelectual, en la ciencia, en el progreso y en algunas pruebas de iniciación.
El ha respondido a las preguntas de la esfinge, por ello, las dos esfinges arrastran el carro: la blanca simboliza el Bien y la negra el Mal; la una es conquistadora, la otra vencida y las dos se han convertido en las doncellas de aquel que es capaz de triunfar en las múltiples pruebas que impone la vida.
Pero este guerrero representa sobre todo el triunfo de la inteligencia.

Por ello, es necesario comprender que:
- La pregunta de la esfinge se halla relacionada con el misterio de la Naturaleza y no con el mundo de la Gracia, para el cual el conductor del carro no puede ofrecer respuestas.
- Los planes de su conquista son evidentes y externos, no interiores.
- La liberación que está llevando a cabo puede situarlo en los límites de la comprensión lógica.
- Los textos iniciáticos, gracias a los cuales ha triunfado, deben ser concebidos como físicos o racionales.
- Si él llegase ante las columnas del Templo, donde está sentada la Sacerdotisa, no podría abrir el pliego con la Tara, ni tampoco podría responder a las preguntas que ésta le plantease.

06 Los Enamorados





6 LOS ENAMORADOS
Engel:  Antagonismo, libre albedrío, tentación, decisión que tomar, amor, compromiso.

Hales: Amor, decisiones, hijos. Adolescencia, opción, error, riesgo, duda, relación amorosa, sexualidad.

Jodorowsky: ¿Cómo van mis relaciones emocionales? ¿Tengo una verdadera pareja? ¿Quién es la persona que más amo? ¿Soy feliz? ¿Las personas que frecuento me alegran la vida? ¿En qué me siento insatisfech@? ¿Me gusta lo que estoy haciendo?


6. LOS ENAMORADOS: EL PRÍNCIPE PARIS EN EL TAROT MÍTICO
La carta de los Enamorados retrata a un joven hermoso, rubio, vestido con un sencillo traje de pastor, que lleva un báculo en su mano derecha. En su mano izquierda lleva una manzana de oro. Tres mujeres se exhiben ante él, pues se trata de un concurso de belleza, y la manzana de oro será adjudicada a la ganadora. La mujer de la izquierda es regia y madura, tiene una flamante cabellera de color castaño rojizo y los ojos azules, viste púrpura imperial y lleva una diadema de oro. Ofrece al joven la bola del mundo. La mujer del centro es joven, seductora y de pelo moreno. Su ropa diáfana, de color de rosa, enseña más que tapar. Ella ofrece una copa de oro. La mujer de la derecha es fría y casta, viste una armadura completa; su pelo rubio está medio tapado bajo un casco de guerrero. Ofrece una espada. Detrás de las cuatro figuras se entrevé un paisaje ondulado de lozanas colinas verdes.

SIMBOLOGÍA
La diosa Hera, esposa y portavoz de Zeus, ofrece la bola del mundo que representa la autoridad mundana y la perspectiva ética de Zeus, el Emperador. Atenea ofrece una espada y que simboliza el poder cortante de la mente, la visión aguda y la firmeza, propias del reino mental.
La diosa Afrodita ofrece la copa del amor, que es un símbolo de la comunicación entre las personas.

RELATO DEL MITO: Aquí encontramos al príncipe Troyano Paris, al que Zeus encomendó arbitrar en un concurso de belleza entre las tres diosas: Hera, Afrodita y Atenea. Cuando Paris nació, un oráculo declaró que algún día sería la ruina del reino de su padre. Su padre, el rey Príamo de Troya, lo sentenció a muerte abandonándolo en la ladera de una colina, pero el niño fue rescatado por un buen pastor. Paris se hizo hombre cuidando el rebaño y llenando sus horas libres de románticas conquistas, ya que era un joven muy hermoso y atractivo.

Cuando estalló una disputa en el Monte Olimpo entre Hera (reina de los dioses), Afrodita (diosa del amor sensual) y Atenea (diosa de la justicia), sobre quién era la más encantadora, Zeus decidió que Paris, con su experiencia rica y variada sobre las mujeres, sería el mejor juez de la contienda. Hermes, mensajero de los dioses, fue enviado a informar al joven de ese dudoso honor que le había sido concedido por el rey de los dioses.

Paris, como es lógico, en principio rechazó la petición, sabiendo muy bien que cualquiera que fuese la diosa que escogiera, las otras dos jamás se lo perdonarían. Pero Hermes le amenazó con la ira de Zeus. Entonces Paris se ofreció amablemente a partir la manzana en tres trozos, porque ¿cómo iba a poder escoger entre tres diosas tan radiantes? Pero Hermes tampoco quería aceptar esa excusa. Así que las diosas se exhibieron ante el joven. Hera le ofrecía el gobierno del mundo si la escogía a ella, Atenea le ofrecía convertirle en el más fuerte y más justo de los guerreros. Afrodita simplemente se destapó, y le ofreció la capa del amor, y le prometió como esposa a la más hermosa de las mujeres mortales.

El resultado era de prever. Paris, que era joven y, por lo tanto, no tenía aún muy claros sus valores internos, escogió a Afrodita sin vacilar. Su recompensa fue la famosa Helena, reina de Esparta que, desgraciadamente, estaba casada con otro. Hera y Atenea sonrieron y prometieron que no tomarían a mal su elección, y luego se fueron cogidas del brazo a planear la destrucción de Troya, que empezó con la cólera del marido burlado de Helena y acabó con la destrucción de la ciudad y de toda la casa real. Y así se cumplió el oráculo.

SIGNIFICADO DE LA LÁMINA: A nivel interno, el juicio de Paris, tal y como se conoce en la mitología, es una imagen de los primeros desafíos de la vida para el desarrollo del individuo: el problema de la elección en el amor. Este dilema no consiste solamente en tratar de decidir entre dos mujeres, o dos hombres. Refleja también nuestros valores, porque nuestras elecciones nos muestran la clase de persona que queremos llegar a ser. Paris, a causa de su juventud y de la fuerza impulsora de sus necesidades sexuales, no puede realmente escoger desde una perspectiva madura. Su elección se debe a sus deseos, más que a él mismo. Aquí está el problema del libre albedrío contra la compulsión de los instintos.

Las consecuencias de las elecciones en el amor son enormes, ya que afectan a todos los niveles de la vida. La elección compulsiva de Paris tiene como resultado final el gran conflicto de la Guerra de Troya. No es que él haya hecho la elección "equivocada", porque no está todavía lo suficientemente centrado como para comparar las atracciones eróticas de Afrodita con el resultado de la acción de llevarse a la mujer de otro. Tampoco se conoce a sí mismo lo suficiente como para averiguar si el poder mundano o la carrera militar pueden ser igualmente importantes para él. La selección le urgía, así como la vida nos viene con tales desafíos antes de que nos sintamos preparados, y en cierto aspecto su "equivocación" es inevitable. El deseo de otra persona acelera el desarrollo de los valores individuales y del auto-conocimiento a través de los enredos y conflictos que surgen de la elección que uno ha hecho. Dicha situación no se puede evitar, porque es arquetípica. Paris es una imagen de esa parte de nosotros que, gobernada por la incontenible necesidad de satisfacer el deseo, no puede ver todavía que cualquier elección tiene unas consecuencias de las que al final tendremos que hacernos responsables. Si no pasamos por este bautismo de fuego, no podemos comprender cómo creamos nuestro propio futuro, sino que, por el contrario, echamos la culpa de los resultados al destino, a la fatalidad, o al error de otra persona, más que a nuestra propia falta de reflexión.


06 - Los Enamorados (Tarot Rider Waite)

Bajo un sol resplandeciente, en el cenit, aparece una gigantesca figura alada y con los brazos extendidos, como si quisiese enviar sus influjos al mundo terrenal.

En un primer plano, podemos ver a un hombre y a una mujer desnudos, situados frente a frente, como si fuesen Adán y Eva en el Paraíso terrenal. Detrás del hombre, está el Árbol de la Vida, cargado de frutos, mientras que detrás de la mujer se halla representado el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, con la tentadora serpiente enroscada en su tronco.

Las figuras sugieren la juventud, la virginidad, la inocencia y el amor antes de haber sido contaminado por el vulgar deseo físico. Esta carta, en toda su sencillez, representa el amor humano, mostrado aquí como una parte del camino, de la verdad y de la vida.
Con respecto a la mujer, se supone que simboliza la atracción hacia la sensualidad de la vida, lo cual conlleva la idea de la Caída del Hombre, pero esa es la realización de la secreta ley de la providencia más que una tentativa intencionada y consciente.



A través de su acusación de culpabilidad, finalmente, el hombre podrá llegar a resurgir y sólo gracias a ésta, podrá hallar su plenitud. La carta es también una importante alegoría del misterio de la feminidad.

05 El Hierofante, Sumo Sacerdote





5 EL SUMO SACERDOTE
Engel: Discípulos, maestros, enseñanzas, consejos, ley, moral, comunicación, misterios profundos que tienen que ver con la religión, persona de poder, dinero.
Hales: La integración de la sociedad. Comunicaciones, normas, instrucciones, el trabajo, las estructuras sociales. La familia formal, el matrimonio.  Estudios formales, ventas. Educación, sistema de creencias. Identificación con el grupo.

Jodorowsky: ¿Es justo lo que desde niño me han enseñado o hecho creer? ¿Aparte de triunfar materialmente, tengo un ideal espiritual? ¿Si existiera un Dios, cómo sería? ¿Puedo enseñarle algo a los otros? ¿Puedo sanar o consolar a alguien?


5.  EL HIEROFANTE: EL CENTAURO QUIRÓN EN EL TAROT MÍTICO

La carta del Hierofante retrata una extraña figura, un Centauro, con el torso, los brazos y la cabeza de un hombre y el cuerpo de un caballo. Su larga cabellera de color castaño, su barba y su rostro afable, de hombre maduro, sugiere un sacerdote o un profesor. En su mano izquierda tiene un rollo que contiene sabiduría escrita. Su mano derecha está levantada haciendo el gesto de bendecir. A ambos lados, tiene una columna de piedra. Detrás de él, se puede observar la roca áspera de la cueva que es a la vez su hogar y su templo. Una luz se derrama sobre su cabeza coronada desde una apertura circular en el muro de la cueva.

SIMBOLOGÍA
La cueva que es el templo de Quirón es una formación natural de la tierra, no es un lugar de culto hecho por el hombre, ya que sólo se puede considerar válido si se aplica la enseñanza espiritual en la vida física ordinaria.
Las dos columnas son las columnas de la antecámara del conocimiento por la que el discípulo entra a recibir la enseñanza de Quirón.
El rollo que lleva el Centauro es el rollo de la ley, la palabra escrita que a través de la revelación comunica la voluntad divina.

RELATO DEL MITO: Aquí encontramos a Quirón, rey de los Centauros, el que cura, el sacerdote y el maestro sabio de todos los héroes jóvenes de la mitología. El nacimiento de Quirón fue muy misterioso porque nació de Ixión, hijo de Ares, el dios de la guerra y de una nube que Zeus formó con la apariencia de su esposa Hera, para evitar que Ixión hiciera el amor con la diosa en persona. El Centauro fue educado por Apolo, el dios-sol, y Artemisa, la diosa-luna, y a causa de su gran sabiduría y espiritualidad fue elegido rey de los Centauros y se le asignó la tarea de inculcar en los jóvenes griegos de las casas nobles los valores espirituales y el respeto a la ley divina que necesitaban, antes incluso de aprender el arte de gobernar y el manejo de las armas.

Quirón era también un gran curandero, y conocía los secretos de las hierbas y la ciencia de las plantas. Pero era incapaz de curarse a sí mismo. Un día su amigo, el héroe Hércules, le visitó en su cueva después de matar a la monstruosa Hidra con sus nueve cabezas venenosas. Hércules rozó accidentalmente al Centauro en el muslo con una de las flechas que habían sido mojadas en la sangre del monstruo. Esa sangre era un veneno mortal, y el caso es que Quirón no pudo sacarse el veneno de la herida. Como era inmortal, no podía morir, y de ese modo se vio obligado a vivir sufriendo, renunciando a toda la felicidad del mundo y dedicando su tiempo a la enseñanza de la sabiduría espiritual.

SIGNIFICADO DE LA LÁMINA: A nivel interior, Quirón, el Hierofante, es una imagen de esa parte de nosotros que se eleva hacia el espíritu, con el fin de comprender qué es lo que Dios quiere de nosotros. El es el maestro espiritual interior, el sacerdote que establece un vínculo entre la conciencia ordinaria del mundo y el conocimiento intuitivo de la ley de Dios. Mientras que el mundo de Perséfone, la Suma Sacerdotisa, es oscuro y escurridizo, y no puede ser comprendido por el intelecto, el mundo de Quirón puede ser aclarado e interpretado por la mente. La antigua palabra que se usaba para el sacerdote, pontifex, quiere decir "constructor de puentes", porque la labor del sacerdote, dentro y fuera de nosotros, es la de servir como padre espiritual, estableciendo una relación entre el hombre y Dios y aclarando la naturaleza de las leyes según las cuales hemos de vivir para estar en amistad con Dios. Las leyes del Emperador, que encarnaban el principio del padre en la tierra, están relacionadas con el comportamiento correcto dentro de este mundo. En cambio, las leyes del Hierofante se refieren al comportamiento correcto a los ojos de Dios. Sin embargo, Quirón no simboliza ningún sistema religioso ortodoxo. Es una criatura silvestre, medio hombre y medio animal, y su templo no está hecho por el hombre, es una cueva natural en la montaña. Por eso la ley espiritual que transmite no es un hecho colectivo derivado del dogma, sino un hecho individual que sólo se puede encontrar entrando en contacto con el sacerdote interior. Por eso cada persona experimenta a Dios de forma diferente, y nosotros llegamos a nuestro propio entendimiento espiritual según la relación particular que tengamos con lo que "Dios" pueda significar realmente.
La lesión de Quirón le convierte en el Curandero Herido, el que, a través de su propio sufrimiento, puede comprender y apreciar el sufrimiento de los demás y puede, por tanto, ver más lejos y más alto que los que tienen la vida resuelta. Por eso Quirón, el Hierofante, representa una parte herida de nosotros mismos, dónde algún problema insoluble, alguna limitación, nos hace más bondadosos y compasivos, mientras que de otra manera hubiéramos sido superficiales y hubiéramos dicho algún tópico sobre la bondad, sin ningún sentido real de lo que eso significa. El verdadero sacerdote está abierto al sufrimiento del mundo y a su ansia porque él mismo sufre. La imagen de Quirón nos recuerda el valor de esas limitaciones insuperables, de esas heridas que tenemos dentro, que, aunque puedan hacernos padecer en nuestra vida normal, sin embargo, nos cuestionan y nos abren el camino hacia un mayor entendimiento de las leyes más altas de la vida. Esta paradoja es sugerida por el mismo Centauro, porque al ser medio dios y medio caballo participa a la vez de los instintos y del espíritu, y tiene una dualidad que forma parte de nuestra condición humana. Nosotros no somos ni del todo animales ni del todo divinos, sino una mezcla de ambas cosas, y tenemos que aprender a vivir con ambas. De esta mezcla es la sabiduría del Centauro, que participa a la vez del conocimiento de Dios y del conocimiento de la ley natural: Dios manifestándose en el mundo de la forma.


05 -  El Sumo Sacerdote  (Tarot Rider Waite)

 El Sumo Sacerdote lleva sobre su cabeza la triple corona (por ejemplo, la mitra), símbolo de su relación directa con el Mundo Espiritual, Intelectual y Físico. Está sentado detrás de dos columnas, que no son las del Templo custodiado por la Sacerdotisa.
En la mano izquierda sostiene un cetro que termina con la forma de la triple cruz y, con la derecha, imparte el conocido signo eclesiástico, también reconocido por el esoterismo que distingue entre la parte de la doctrina revelada y la oculta.

A sus pies se encuentran dos llaves colocadas en forma de cruz y dos ministros del culto están arrodillados frente a él. Normalmente, recibe el nombre de Papa, que es una aplicación particular del oficio más general simbolizado por él. El es la máxima autoridad de la religión exterior, así como la Papisa es el genio dominante del poder esotérico oculto.

 El Sumo Sacerdote representa el poder de las claves, la doctrina esotérica ortodoxa y los aspectos exteriores de la vida que conducen a dicha doctrina; pero, ciertamente, no es el príncipe de la doctrina oculta.

Tal y como sugirió Waite, el Papa representa la summa totius theologiae, cuando ésta es considerada con la máxima rigidez de la expresión, pero también simboliza todas las cosas justas y sagradas del aspecto material. Como tal, es el canal de la gracia perteneciente al mundo de las instituciones, distinto a aquel de la naturaleza y es el que puede conducir a la salvación de toda la humanidad.
Es el líder de la jerarquía reconocida, que refleja otro orden jerárquico superior; pero puede suceder que el pontífice se olvide del significado de su condición simbólica y actúe como si de verdad poseyese en sí mismo todos los grados que representa su signo o que su símbolo intenta revelar.
El Papa, siempre de acuerdo con Waite, no es la inspiración ni tampoco la religión aunque, probablemente, éstas sean algunas de sus manifestaciones.

04 El Emperador





4 EL EMPERADOR
Engel:   Dominio de la razón, virilidad, trabajo, poder ejecutivo, potencia, logros, gobierno terrenal.

Hales: El padre, el papel del padre.   La pareja masculina. La energía masculina del Consultante. Acción en el Mundo. Autoridad. Pasión. Los límites (control y expansión). Estructura. Don de mando.

Jodorowsky: ¿Es justo lo que desde niño me han enseñado o hecho creer? ¿Aparte de triunfar materialmente, tengo un ideal espiritual? ¿Si existiera un Dios, cómo sería? ¿Puedo enseñarle algo a los otros? ¿Puedo sanar o consolar a alguien?


4. EL EMPERADOR: EL DIOS ZEUS EN EL TAROT MÍTICO

La carta del Emperador retrata a un hombre maduro, con unos hombros y un tórax anchos y musculosos. Su abundante y ondulada cabellera, al igual que su barba son de un brillante castaño rojizo. El nos mira sentado en un trono de oro, en la cima de una montaña. Su vestimenta es de púrpura bordada en dorado, y en la cabeza lleva una corona de oro. En su mano derecha tiene tres rayos luminosos; en su mano izquierda descansa la bola del mundo. Un águila está encaramada en su hombro. Detrás de él, se extiende la ladera de una montaña cuyos picos están cubiertos de nieve.


SIMBOLOGÍA

El rayo luminoso es el emblema del poder de Zeus, no solamente a causa de su imponente grandeza, sino también porque alumbra el cielo. Es un dios de inspiración y de visión creativa repentina, y su luminosidad simboliza la revelación de la verdad.
La bola del mundo, al tenerla en su mano, nos indica el gran poder del dios sobre sus propias circunstancias, sobre su persona y su propio destino.
La corona simboliza la autoridad y el gobierno de la razón sobre los instintos.
Zeus puso su morada en los picos de la montaña, porque es un dios de altura mental y espiritual, y su voluntad es más poderosa que la esclavitud del cuerpo y las limitaciones de la naturaleza.
El águila es la insignia de Zeus, a causa de su vista aguda y de su poder para volar más alto que los otros pájaros. Como pájaro de presa que es, manifiesta también la agresividad y el instinto de conquista del dios.

RELATO DEL MITO:  Aquí encontramos al gran Zeus, rey de los dioses, al que los griegos llamaban Padre-de-Todo, creador del mundo y soberano tanto de los dioses como de los hombres. En la mitología, Zeus era el hijo más joven de los Titanes Cronos y Rea. Cronos recibió una profecía: que algún día uno de sus hijos le derrocaría y tomaría su puesto. Prevenido contra eso, decidió destruir a sus hijos y, durante cinco años, en cuanto Rea daba a luz, hijos e hijas, él los arrebataba de sus brazos y los devoraba antes de que abrieran los ojos.

Eso naturalmente no agradaba a Rea, quién, cuando supo que iba a nacer un sexto hijo, huyó secretamente a Arcadia y dio a luz a Zeus en una cueva. Luego envolvió en pañales una piedra grande y se la presentó a Cronos como hijo suyo. El se la arrebató inmediatamente y se la tragó pensando que se trababa de su hijo recién nacido. Con el tiempo Zeus llegó a la edad viril y preparó a traición una pócima para su odiado padre con el fin de rescatar a sus hermanos. Cronos bebió del brebaje, que lo puso gravemente enfermo, y por la boca del viejo dios salieron los cinco niños que él había devorado, totalmente ilesos. Entonces Zeus indujo a sus hermanos y hermanas a rebelarse contra Cronos y le derrocó, inaugurando un nuevo gobierno.

El nuevo rey de los dioses hizo de la montaña del Olimpo su hogar, y estableció una jerarquía de dioses que obedecieran su ley fundamental. Sus símbolos de poder eran el trueno y los rayos. Su espíritu ligero, ardiente y libertino se manifestaba no solamente en la tormenta, sino también en las muchas amantes que persiguió y en los muchos niños que engendró. Entre ellos estaban Atenea (diosa de la justicia), Dike (diosa de la ley natural), Moira (diosa del destino) y las nueve Musas (protectoras de las artes). Su esposa fue Hera, diosa del matrimonio y del alumbramiento, que gobernaba como consorte suya. Zeus administraba el bien y el mal según las leyes que el mismo establecía. Era también dios de la tierra y la amistad, y el protector de todos los hombres.


SIGNIFICADO DE LA LÁMINA: A nivel interior, Zeus, el Emperador, es una imagen de la experiencia de la paternidad. Es el padre que encarna nuestros ideales espirituales, nuestros códigos morales, la auto-suficiencia con la que nos defendemos en este mundo, la autoridad y la ambición que nos lleva a triunfar, además de la disciplina y la perspicacia necesarias para cumplir con nuestros propósitos. Este principio masculino, que está presente tanto en los hombres como en las mujeres, difiere del cuidadoso e incondicional amor por la madre que encontramos en la carta de la Emperatriz. Aquí es al espíritu, no al cuerpo, al que se le otorga el valor más alto. Y la acción, más que la intuitiva corriente con la naturaleza, es lo que se nos pide.


El padre que hay en nosotros fomenta el auto-respeto y el ser consecuentes con nosotros mismos. Es el lado nuestro que nos enseña a tomar resoluciones, tan importantes a la hora de afrontar la vida. Zeus a veces se compadece del débil y del desposeído para defenderle. Pero también puede ser cruel y vengativo si su autoridad es desafiada y sus leyes quebrantadas. Por eso Zeus, el Emperador, tiene además de una cara positiva, otra más oscura, que se manifiesta en un nivel interior como una rigidez y una rectitud implacable. Estar en comunicación con el padre interior significa poseer un sentido de poder, de capacidad para tener ideas y llevarlas a cabo en este mundo. Pero, en cambio, estar dominados por el padre interior significa ser esclavos de una serie de convicciones que aplastan todo sentimiento humano con su inflexibilidad y arrogancia. Por eso, como el propio Zeus, debemos derrocar al viejo gobierno e inaugurar otro más nuevo y más creativo, para que no nos convirtamos también en pequeños tiranos o caigamos bajo el maleficio de ser esclavos de las necesidades y los placeres del cuerpo. El Loco debe encontrar ahora los principios éticos sobre los que basar su vida, porque sin el Emperador carecemos de personalidad, no somos más que peones en la vida, conducidos, por dentro y por fuera, por un instinto ciego, que nos lleva a culpar de nuestros problemas y de nuestras dificultades a otras personas y a la sociedad, al ser incapaces de hallar la experiencia interna de fortaleza que el padre encarna.



04  -El Emperador (Tarot Rider Waite)


Es un monarca coronado, autoritario y altivo, sentado sobre un trono cuyos brazos se hallan adornados por dos cabezas de carnero. En su cetro está representado el símbolo de la cruz ansada, mientras que en su mano izquierda aparece una esfera.

Es la ejecución y la realización del poder de este mundo, personificado aquí en sus más elevados atributos naturales.

En algunas ocasiones se le ha representado sentado sobre una piedra cúbica, que complica algunas conclusiones. Representa el poder, la fuerza viril, estableciendo la contrapartida a la figura de la Emperatriz y, en este sentido, él es quien intenta quitar el velo de Isis pero, sin embargo, ésta sigue siendo la virgo intacta.

Resulta necesario comprender que esta carta y la de la Emperatriz no representan necesariamente la condición de la vida conyugal, aunque este estado sea un dato implícito. Aparentemente, tal y como ya hemos indicado anteriormente, representan la realeza mundana, elevada al asiento del máximo poder.




Pero además, también sugiere otras ideas. Ambas cartas, especialmente la figura masculina, representan el más elevado poder soberano, aquel que ocupa el trono del pensamiento. Por ello, el emperador es el regente del mundo intelectual, más que el de los seres vivientes.

03 La Emperatriz




3 LA EMPERATRIZ
Engel:  Fecundidad, plenitud, matriztico, generación, crecimiento, protección, abundancia.

Hales: La Madre, rol de madre. La pareja femenina. Energía femenina del consultante

Jodorowsky: ¿Qué estoy creando? ¿Qué se está desarrollando en mí? ¿Quiénes me aman, a quiénes amo? ¿Cuáles son las experiencias que me permito hacer? ¿Me atreveré? ¿Qué relación tengo con mi madre?


3. LA EMPERATRIZ: LA DIOSA DEMÉTER EN EL TAROT MÍTICO

La carta de la Emperatriz retrata a una hermosa mujer con una abundante y ondulada cabellera de color castaño, evidentemente embarazada y de pie en un campo de cebada a punto de siega. Su vestido está entretejido de muchas plantas diferentes, y bordado con ramas frondosas. Alrededor de su cuello hay un collar de doce piedras preciosas. Ella está coronada con una diadema de castillos y torres. Detrás de ella, al fondo de fértiles campos, el agua corre hacia un estanque.

SIMBOLOGÍA
La cascada sugiere el flujo de la sensibilidad y de la fertilidad del mundo de Deméter. Ella preside los ritos de la boda y bendice los frutos de su unión.
La diadema de castillos y torres que Deméter lleva representa su soberanía sobre el instinto, para construir hogares seguros, lugares de cobijo y de paz.
El collar de doce piedras simboliza los doce signos del zodiaco, representación del ciclo ordenado de las estaciones y las leyes del cosmos que Deméter gobierna como soberana de la naturaleza.

RELATO DEL MITO: Encontramos aquí a la gran diosa Deméter, que es la Madre Tierra, soberana de toda la naturaleza y protectora de las pequeñas criaturas indefensas. En la mitología griega, Deméter hacía madurar cada año el trigo dorado, y al final del verano el pueblo le daba las gracias por la generosidad de la tierra. Deméter gobernaba los ciclos ordenados de la naturaleza y la vida de todas las cosas que crecen, de ahí el vestido que lleva. Ella presidía la gestación y el nacimiento de una nueva vida, y bendecía los ritos de la boda como un vaso para la continuidad de la naturaleza. Deméter es una diosa matriarcal, una imagen del poder dentro de la misma tierra, que no necesita confirmación espiritual del cielo. Decían que ella había enseñado a los hombres las artes de arar y cultivar la tierra, y a las mujeres las artes de moler el trigo y cocer el pan.

Deméter vivió con su hija Perséfone, protegidas de los conflictos y querellas del mundo. Pero un día esa vida pacífica y feliz fue violentamente transformada. Perséfone se había ido a pasear y no había vuelto. Deméter, angustiada, buscó a su hija por todas partes, pero ella había desaparecido sin dejar rastro. Por casualidad, después de años de búsqueda sin esperanza, se enteró de lo que había pasado con Perséfone. Parece ser que Hades, el oscuro señor del mundo subterráneo, arrastrado por el deseo que sentía por la muchacha, la había montado en su carro conducido por dos caballos negros y la había raptado.
Deméter en su ira hizo que la tierra se volviera estéril, y se negó a devolverle su anterior abundancia, fue como si la humanidad entera hubiera perecido por falta de alimento. La diosa no pudo aceptar el cambio que había ocurrido, aunque Perséfone había comido de buena gana la granada, el fruto del mundo subterráneo, y Hades la había tratado con honor y la había hecho su reina. Gracias al azar y a la intercesión del inteligente dios Hermes que todo lo ve, se llegó a un acuerdo. Durante nueve meses al año, Perséfone viviría con su madre, pero en los tres restantes tenía que volver con su tenebroso esposo.
Deméter nunca estuvo de acuerdo con esta resolución. Cada año, cuando su hija se iba, la Madre Tierra se ponía de luto. Las flores se marchitaban, los árboles dejaban caer sus hojas, y la tierra se volvía inanimada y fría. Pero cada año, a la vuelta de Perséfone, volvía otra vez la primavera.

SIGNIFICADO DE LA LÁMINA: A nivel interior, la imagen de Deméter, la Emperadora, refleja la experiencia de la maternidad. Eso no quiere decir solamente el proceso físico de la gestación, el parto y la lactancia de la pequeña e indefensa criatura. Es también la experiencia íntima de la Gran Madre: el descubrimiento del cuerpo como algo valioso y precioso que merece cuidados, la experiencia del ser como parte de la naturaleza y arraigado en la vida natural, la apreciación de los sentidos y los placeres sencillos de la existencia diaria. Si no estuviera esa Gran Madre dentro de nosotros, no podríamos hacer nada de provechoso, porque ésta es la parte de nosotros que tiene la paciencia y la delicadeza de aguardar hasta que el tiempo esté maduro para la acción. Sin ella no podríamos apreciar nuestro yo físico, sino que viviríamos desconectados, en un mundo puramente intelectual sin ningún fundamento, sin ninguna relación con la realidad. La experiencia que un niño tiene con la Madre está relacionada con la sensación de seguridad y confianza en la vida, y la imagen de la Emperatriz está igualmente relacionada con la sensación interna de seguridad y protección. Ella es sabia, pero no en un sentido cerebral. Su sabiduría es la sabiduría de la naturaleza, que entiende que todas las cosas avanzan por ciclos y maduran a su debido tiempo.

Pero como todas las imágenes de la baraja del Tarot, Deméter tiene su lado oscuro. No hay nada como la naturaleza que signifique estancamiento del espíritu, y una apatía y un embotamiento que aplasta toda posibilidad de cambio. Deméter no es solamente la Madre Buena, es también la Madre Luto, que no puede renunciar a sus posesiones y que se venga de toda intrusión de conflictos en su vida, en su mundo ordenado y paradisiaco. Esta Madre de Luto se llena de amargura y de resentimiento porque la vida precisa el cambio y la separación, y porque tienen que producirse desenlaces. Por eso, cuando el Loco en su camino arquetípico se encuentra con Deméter, la Emperadora, es empujada hacia las dimensiones oscuras y luminosas de su propia naturaleza instintiva.


03 - La Emperatriz  (Rider Waite)

Una mujer joven de mirada serena, majestuosa y real, está sentada sobre un sillón. El escudo de Venus, símbolo de la más pura feminidad, está situado a su lado. El cetro que empuña se halla coronado por una esfera, símbolo del mundo.

A su alrededor se extiende un parque muy bien cuidado, situado en los márgenes de un bosque atravesado por un río; es la representación del Jardín del Edén, el Paraíso Terrestre. Esta joven no es la Regina coeli, sino más bien el Refugium peccatorum; la generosa madre del género humano.

También ha sido correctamente descrita como el deseo alado, o bien como la Gloria Mundi o el velo del sancta Sanctorum. Algunos también la han definido como «la Gran Madre del Mundo Visible». Por su parte, Waite afirma que la Emperatriz no es el alma que ha conseguido las alas, sino más bien la fecundidad universal cuyos misterios van mucho más allá del poder generativo puro y simple.

En cualquier caso, la carta de la Emperatriz también representa la puerta o la verja a través de la cual se entra en esta vida, así como en el Jardín de Venus. El camino que nos conduce fuera de ello es el secreto conocido de la Sacerdotisa; pero este secreto le es revelado al elegido.

Waite sostiene que las atribuciones más antiguas de esta canta están totalmente equivocadas en el plano del simbolismo como, por ejemplo, en el caso de la identificación con la Palabra, la Naturaleza Divina, la Tríada, etc… Sin embargo, es justo tener en cuenta que, de vez en cuando, tales interpretaciones reflejan una asombrosa coherencia respecto al camino propuesto.