La Psique:
La teoría de Jung divide la
psique en tres partes:

1)
La primera es
el Yo, el cual se identifica
con la mente consciente.
2) El inconsciente personal, que incluye cualquier cosa que no esté
presente en la consciencia, pero que no está exenta de estarlo. El inconsciente
personal sería como lo que las personas entienden por inconsciente en tanto
incluye ambas memorias, las que podemos atraer rápidamente a nuestra
consciencia y aquellos recuerdos que han sido reprimidos por cualquier razón.
La diferencia estriba en que no contiene a los instintos, como Freud incluía.
3)
El
inconsciente colectivo.
Podríamos llamarle sencillamente nuestra "herencia psíquica". Es el
reservorio de nuestra experiencia como especie; un tipo de conocimiento con el
que todos nacemos y compartimos. Aun así, nunca somos plenamente conscientes de
ello. A partir de él, se establece una influencia sobre todas nuestras
experiencias y comportamientos, especialmente los emocionales; pero solo le
conocemos indirectamente, viendo estas influencias.
Existen ciertas experiencias que demuestran los efectos del
inconsciente colectivo más claramente que otras. La experiencia de amor a
primera vista, el deja vu (el sentimiento de haber estado anteriormente en la
misma situación) y el reconocimiento inmediato de ciertos símbolos y
significados de algunos mitos, se pueden considerar como una conjunción
súbita de la realidad externa e interna del inconsciente colectivo. Otros
ejemplos que ilustran con más amplitud la influencia del inconsciente colectivo
son las experiencias creativas compartidas por los artistas y músicos del mundo
en todos los tiempos, o las experiencias espirituales de la mística de todas
las religiones, o los paralelos de los sueños, fantasías, mitologías, cuentos
de hadas y la literatura.
Un ejemplo interesante que actualmente se discute es la
experiencia cercana a la muerte. Parece ser que muchas personas de diferentes
partes del mundo y con diferentes antecedentes culturales viven situaciones muy
similares cuando han sido "rescatados" de la muerte clínica. Hablan
de que sienten que abandonan su cuerpo, viendo sus cuerpos y los eventos que le
rodean claramente; de que sienten como una "fuerza" les atrae hacia
un túnel largo que desemboca en una luz brillante; de ver a familiares
fallecidos o figuras religiosas esperándoles y una cierta frustración por tener
que abandonar esta feliz escena y volver a sus cuerpos. Quizás todos estamos
"programados" para vivir la experiencia de la muerte de esta manera.
El arquetipo
materno: Este arquetipo
es particularmente útil como ejemplo. Todos nuestros ancestros tuvieron madres.
Hemos evolucionados en un ambiente que ha incluido una madre o un sustituto de
ella. Nunca hubiéramos sobrevivido sin la conexión con una persona cuidadora en
nuestros tiempos de infantes indefensos. Está claro que somos
"construidos" de forma que refleja nuestro ambiente evolutivo:
venimos a este mundo listo para desear una madre, la buscamos, la reconocemos y
lidiamos con ella. Así, el arquetipo de
madre es una habilidad propia constituida evolutivamente y dirigida a reconocer
una cierta relación, la de la "maternalidad". Jung establece esto como algo abstracto, y
todos nosotros proyectamos el arquetipo a la generalidad del mundo y a personas
particulares, usualmente nuestras propias madres. Incluso cuando un arquetipo
no encuentra una persona real disponible, tendemos a personificarlo; esto es,
lo convertimos en un personaje mitológico "de cuentos de hadas", por
ejemplo. Este personaje simboliza el arquetipo. Este arquetipo está simbolizado
por la madre primordial o "madre tierra" de la mitología; por Eva y
María en las tradiciones occidentales y por símbolos menos personalizados como
la iglesia, la nación, un bosque o el océano. De acuerdo con Jung, alguien a
quien su madre no ha satisfecho las demandas del arquetipo, se convertiría
perfectamente en una persona que lo busca a través de la iglesia o
identificándose con la "tierra madre", o en la meditación sobre la
figura de María o en una vida dedicada a la mar.
El Self:
El self es un arquetipo que representa la trascendencia de todos los opuestos, de manera que cada aspecto de nuestra personalidad se expresa de forma equitativa. Por tanto, no somos ni masculinos ni femeninos; somos ambos; lo mismo para el Yo y la sombra, para el bien y el mal, para lo consciente y lo inconsciente, y también lo individual y lo colectivo (la creación en su totalidad). Y por supuesto, si no hay opuestos, no hay energía y dejamos de funcionar. Evidentemente, ya no necesitaríamos actuar.
Si intentamos alejarnos un poco de las consideraciones místicas, sería recomendable que nos situáramos en una postura más centralista y equilibrada de nuestra psique. Cuando somos jóvenes, nos inclinamos más hacia el Yo, así como en las trivialidades de la persona. Cuando envejecemos (asumiendo que lo hemos hecho apropiadamente), nos dirigimos hacia consideraciones más profundas sobre el self y nos acercamos más a las gentes, hacia la vida y hacia el mismo universo. La persona que se ha realizado (que ha desarrollado su sí mismo- su self) es de hecho menos egocéntrica.
El arquetipo más importante es el de
self (mantendremos aquí el término "self" que "sí mismo", por su aceptación literal en psicología de habla hispana. N.T.). El self es la unidad última de la personalidad y está simbolizado por el círculo, la cruz y las figuras mandalas que Jung halló en las pinturas. Un
mandala es un dibujo que se usa en meditación y se utiliza para desplazar el foco de atención hacia el centro de la imagen. Puede ser un trazo tan simple como una figura geométrica o tan complicado como un vitral. La personificación que mejor representa el self es Cristo y Buda; dos personas, por cierto, que representan según muchos, el logro de la perfección. Pero Jung creía que la perfección de la personalidad solamente se alcanza con la muerte.
La meta de la vida es lograr un self.
La sombra:
Por supuesto que
en la teoría junguiana también hay espacio para el sexo y los instintos. Éstos
forman parte de un arquetipo llamado la sombra. Deriva de un pasado pre-humano
y animal, cuando nuestras preocupaciones se limitaban a sobrevivir y a la
reproducción, y cuando no éramos conscientes de nosotros como sujetos.
Sería el
"lado oscuro" del Yo (del sí mismo. N.T.) y nuestra parte negativa o
diabólica también se encuentra en este espacio. Esto supone que la sombra es amoral;
ni buena ni mala, como en los animales. Un animal es capaz de cuidar
calurosamente de su prole, al tiempo que puede ser un asesino implacable para
obtener comida. Pero él no escoge ninguno de ellos. Simplemente hace lo que
hace. Es "inocente". Pero desde nuestra perspectiva humana, el mundo
animal nos parece brutal, inhumano; por lo que la sombra se vuelve algo
relacionado con un "basurero" de aquellas partes de nosotros que no
queremos admitir.
Los símbolos de la
sombra incluyen la serpiente (como en el Jardín del Edén), el dragón, los
monstruos y demonios. Usualmente guarda la entrada a una cueva o a una piscina
de agua, que representarían el inconsciente colectivo. La siguiente vez que
sueñen que se están peleando con un luchador fortísimo, puede que simplemente
¡se esté peleando con usted mismo!.
La persona / La Máscara:
La persona (Máscara) representa nuestra imagen pública. La palabra, obviamente, está relacionada con
el término persona y personalidad y proviene del latín que significa máscara.
Por tanto, la persona es la máscara que nos ponemos antes de salir al mundo
externo. Aunque se inicia siendo un arquetipo, con el tiempo vamos asumiéndola,
llegando a ser la parte de nosotros más distantes del inconsciente colectivo.
En su mejor
presentación, constituye la "buena impresión" que todos queremos
brindar al satisfacer los roles que la sociedad nos exige. Pero, en su peor
cara, puede confundirse incluso por nosotros mismos, de nuestra propia
naturaleza. Algunas veces llegamos a creer que realmente somos lo que pretendemos
ser.
Anima y animus:
Una parte de la
persona es el papel masculino o femenino que debemos interpretar. Para la
mayoría de los teóricos, este papel está determinado por el género físico.
Pero, al igual que Freud, Adler y otros, Jung pensaba que en realidad todos
nosotros somos bisexuales por naturaleza. Cundo empezamos nuestra vida como
fetos, poseemos órganos sexuales indiferenciados y es solo gradualmente, bajo
la influencia hormonal, cuando nos volvemos machos y hembras. De la misma
manera, cuando empezamos nuestra vida social como infantes, no somos masculinos
o femeninos en el sentido social. Casi de inmediato (tan pronto como nos pongan
esas botitas azules o rosas), nos desarrollamos bajo la influencia social, la
cual gradualmente nos convierte en hombres y mujeres.
En todas las
culturas, las expectativas que recaen sobre los hombres y las mujeres difieren.
Estas están basadas casi en su totalidad sobre nuestros diferentes papeles en
la reproducción y en otros detalles que son casi exclusivamente tradicionales.
En nuestra sociedad actual, todavía retenemos muchos remanentes de estas
expectativas tradicionales. Todavía esperamos que las mujeres sean más
calurosas y menos agresivas; que los hombres sean fuertes y que ignoren los
aspectos emocionales de la vida. Pero Jung creía que estas expectativas
significaban que solo hemos desarrollado la mitad de nuestro potencial.
El ánima es el
aspecto femenino presente en el inconsciente colectivo de los hombres y el
animus es el aspecto masculino presente en el inconsciente colectivo de la
mujer. Unidos se les conoce como syzygy. El ánima puede estar representada
(personificada) como una joven chica, muy espontánea e intuitiva, o como una
bruja, o como la madre tierra. Usualmente se asocia con una emocionalidad profunda
y con la fuerza de la vida misma.
El animus puede personificarse como un viejo
sabio, un guerrero, o usualmente como un grupo de hombres, y tiende a ser
lógico, muchas veces racionalista e incluso argumentativo.
El ánima y el
animus son los arquetipos a través de los cuales nos comunicamos con el
inconsciente colectivo en general y es importante llegar a contactar con él. Es
también el arquetipo responsable de nuestra vida amorosa: como sugiere un mito
griego, estamos siempre buscando nuestra otra mitad; esa otra mitad que los
Dioses nos quitaron, en los miembros del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a
primera vista, nos hemos topado con algo que ha llenado nuestro arquetipo ánima
o animus particularmente bien.
Otros arquetipos:
Jung decía que no
existía un número fijo de arquetipos que pudiésemos listar o memorizar. Se
superponen y se combinan entre ellos según la necesidad y su lógica no responde
a los estándares lógicos que entendemos. Jung, sin embargo, definió algunos
otros:
Además de la
madre, existen otros arquetipos familiares. Obviamente, existe un
padre que con frecuencia está simbolizado
por una guía o una figura de autoridad. Existe también el arquetipo de
familia que representa la idea
de la hermandad de sangre, así como unos lazos más profundos que aquellos
basados en razones conscientes.
También tenemos el
de
niño, representado en
la mitología y en el arte por los niños, en particular los infantes, así como
por otras pequeñas criaturas. La celebración del niño Jesús en las Navidades es
una manifestación del arquetipo niño y representa el futuro, la evolución, el
renacimiento y la salvación. Curiosamente, la Navidad acontece durante el
solsticio de invierno, el cual representa el futuro y el renacimiento en las
culturas primitivas nórdicas. Estas personas encienden hogueras y realizan
ceremonias alrededor del fuego implorando la vuelta del sol. El arquetipo niño
también con frecuencia se mezcla con otros, formando el niño-dios o el
niño-héroe.
Muchos arquetipos
son caracteres de leyendas. El
héroe es uno de los principales. Está
representado por la personalidad mana y es el luchador de los dragones
malvados. Básicamente, representa al Yo (tendemos a identificarnos con los
héroes de las historias) y casi siempre está envuelto en batallas contra la
sombra, en forma de dragones y otros monstruos. No obstante, el héroe es tonto.
Es, después de todo, un ignorante de las formas del inconsciente colectivo.
Luke Skywalker, de La Guerra de las Galaxias, sería el ejemplo perfecto.
Al héroe
usualmente se le encarga la tarea de rescatar a la
doncella, la cual representa la
pureza, inocencia y en todas por igual, la candidez. En la primera parte de la
historia de la Guerra de las Galaxias, la princesa Leia es la doncella. Pero, a
medida que la historia avanza, ella se vuelve ánima, descubriendo el poder de
la fuerza (el inconsciente colectivo) y se vuelve un compañero igual que Luke,
quien resulta ser su hermano.
El héroe es guiado
por un
viejo hombre sabio,
una forma de animus que le revela al primero la naturaleza del inconsciente
colectivo. En la Guerra de las Galaxias, este viejo es Obi Wan Kenobi, y luego
Yoda. Obsérvese que ambos enseñan a Luke todo sobre la fuerza, y cuando Luke
madura, mueren, volviéndose parte de él.
Quizás se estén
preguntando por el arquetipo de "padre oscuro" de Darth Vader. Es la
sombra y el maestro del lado oscuro de la fuerza. También resulta ser el padre
de Leia y Luke. Cuando muere, se convierte en uno de los viejos hombres sabios.
Este es también un
arquetipo
animal y representa las relaciones humanas
con el mundo animal. Un buen ejemplo sería el del caballo fiel del héroe. Las
serpientes también son frecuentes arquetipos animales y creemos que son
particularmente listas. Después de todo, los animales están más cercanos a sus
naturalezas que nosotros. Quizás, los pequeños robots y la siempre disponible
nave espacial (el Halcón) sean símbolos de animales.
Y luego está el
ilusionista, usualmente
representado por un payaso o un mago. El papel de éste es el de hacer las cosas
más difíciles al héroe y crearle problemas. En la mitología escandinava, muchas
de las aventuras de los dioses se originaban en algún truco demostrado a sus
majestades por el medio-Dios Loki.
Existen otros
arquetipos que son un poco más complicados de mencionar. Uno es el
hombre original, representado
en las culturas occidentales por Adán. Otro es el arquetipo
Dios, el cual representa
nuestra necesidad de comprender el Universo; que nos provee de significado a
todo lo que ocurre y que todo tiene un propósito y dirección.
El
hermafrodita, tanto hombre como
mujer, es una de las ideas más importantes de la teoría junguiana y representa
la unión de los opuestos. En algunos cuadros religiosos, Jesucristo está
representado más bien como un hombre afeminado. Así mismo, en China, el
carácter de Kuan Yin es de hecho un santo masculino (el bodhisattva
Avalokiteshwara), ¡pero está pintado de una forma tan femenina que usualmente
se le considera más como la diosa de la compasión!.
Principios:
Bueno, ya está bien de contenidos
mentales. Vamos ahora a ocuparnos de los principios de sus operaciones. Jung
nos brinda tres principios.
1) El
primero de ellos es el
principio de los opuestos. Cada deseo inmediatamente sugiere su opuesto.
Por ejemplo, si tengo un pensamiento positivo, no puedo dejar de tener el
opuesto en algún lugar de mi mente. De hecho, es un concepto bastante básico:
para saber lo que es bueno debo conocer lo malo, de la misma forma que no
podemos saber lo que es negro sin conocer lo blanco; o lo que es alto sin lo
bajo.
Esta idea me sobrevino cuando tenía unos once años. Recuerdo que
ocasionalmente me dio por salvar a muchas criaturitas inocentes del bosque que
de alguna forma se habían herido (me temo que muchas veces provocándoles la
muerte). Una vez intenté curar a un petirrojo, pero cuando lo alcé en mi mano,
me deslumbró un halo de luz del sol y me llevé la mano a la cara. En ese
momento pasó por mi mente la idea de que podía haberlo aplastado. Imagínense,
no me gustaba nada la idea, pero me vino innegablemente.
De acuerdo con Jung, es la oposición la que crea el poder (o libido) del psiquismo. Es como
los dos polos de una batería, o la escisión de un átomo. Es el contraste el que
aporta la energía, por lo que un contraste poderoso dará lugar a una energía
fuerte y un contraste débil provocará una energía pobre.
2)
El
segundo principio es el
principio de equivalencia, donde la energía resultante de la oposición se
distribuye equitativamente en ambos lados. Así, cuando yo sostenía a aquel
pajarito en mi mano, existía una energía que me impulsaba a ayudarle; así como
también otra de iguales características que me dirigía a aplastarle. Intenté
ayudar al pájaro, por lo que toda esa energía se distribuyó en los variados
comportamientos dirigidos a ese fin. Pero, ¿qué pasó entonces con la otra
parte?.
Bueno, eso depende de la actitud que uno tome con respecto a ese
deseo no satisfecho. Si mantenemos ese deseo de forma consciente; es decir, que
somos capaces de reconocerlo, entonces provocamos un aumento de calidad en el
funcionamiento psíquico; esto es, crecemos.
Si por el contrario, pretendemos negar que este pensamiento estuvo
ahí, si lo suprimimos, la energía se dirigirá hacia el desarrollo de un
complejo. El complejo es un patrón de pensamientos y sentimientos suprimidos
que se agrupan (que establecen una constelación) alrededor de un tema en
concreto proveniente de un arquetipo. Si negamos haber tenido un pensamiento
relacionado con aplastar el pájaro, podríamos poner esa idea en una de las
formas ofrecidas por la sombra (nuestro "lado oscuro"). O si un
hombre niega su lado emocional, su emocionalidad puede encontrar su forma de
expresión dentro del arquetipo de ánima.
Aquí es donde empiezan los problemas. Si pretendemos que en toda
nuestra vida somos absolutamente buenos; que ni siquiera tenemos la capacidad
de mentir y engañar; de robar y matar, entonces cada vez que seamos buenos,
nuestra otra parte se consolidará en un complejo alrededor de la sombra. Ese
complejo empezará a tomar vida propia y te atormentará da alguna manera. Puedes
verte sufriendo de pesadillas donde ¡aplastas a pequeños pájaros!.
Si el complejo dura mucho tiempo, puede llegar a
"poseerte" y puedes terminar con una personalidad múltiple. En la
película "The Three Faces of Eve" (Las Tres Caras de Eva), Joanne
Woodward daba vida a una mujer dulce y retraída que eventualmente iba
descubriendo que salía a la calle los sábados en la noche, asumiendo una
identidad contraria. No fumaba, y sin embargo encontraba paquetes de
cigarrillos en su bolso; no bebía, más se levantaba con resaca y no flirteaba
con hombres, aunque encontraba ropas en su habitación de lo más sexy. Es
importante decir aquí, que a pesar de que el trastorno de personalidad múltiple
es raro, cuando aparece no tiende a presentarse de una manera tan extrema, tipo
blanco y negro.
3)
El
último principio es el
principio de entropía, el cual establece la tendencia de los opuestos a
atraerse entre sí, con el fin de disminuir la cantidad de energía vital a lo
largo de la vida. Jung extrajo la idea de la física, donde la entropía se
refiere a la tendencia de todos los sistemas físicos de solaparse; esto es, que
toda la energía se distribuya eventualmente. Si, por ejemplo, tenemos un
calentador en la esquina de una habitación, con el tiempo el salón completo se
calentará.
Cuando somos jóvenes, los opuestos tienden a ser muy extremos,
malgastando una gran cantidad de energía. Por ejemplo, los adolescentes tienden
a exagerar las diferencias entre sexos, siendo los chicos más machos y las chicas
más femeninas, por lo que su actividad sexual está investida de grandes
cantidades de energía. Además, estos oscilan de un extremo a otro, siendo locos
y salvajes en un momento y encontrando la religión en otro.
A medida que nos vamos haciendo mayores, la mayoría de nosotros
empieza a sentirse cómodos con nuestras facetas. Somos un poco menos idealistas
e ingenuos y reconocemos que somos una combinación de bueno y malo. Nos vemos
menos amenazados por nuestros opuestos sexuales y nos volvemos más andróginos.
Incluso, en la edad de la vejez, las mujeres y los hombres tienden a parecerse
más. Este proceso de sobreponernos por encima de nuestros opuestos; el ver
ambos lados de lo que somos, es llamado trascendencia.
Sincronicidad:
A través de los
años los teóricos han discutido ampliamente si los procesos psicológicos se
establecen a partir de modelos mecanicistas o teleológicos. El mecanicismo es
la idea de que las cosas funcionan a través de un proceso de causa-efecto. Una
cosa lleva a otra, y esa otra a una siguiente y así sucesivamente, por lo que
el pasado determina al presente. La teleología es la idea que defiende que somos
guiados por nuestros propósitos, significados, valores y demás. El mecanicismo
está asociado al determinismo y las ciencias naturales; la teleología está
relacionada con el libre albedrío y se considera en la actualidad una postura
un tanto rara. Es todavía común en filósofos moralistas, legalistas y
religiosos y, por supuesto también, en algunos teóricos de la personalidad.
Con respecto a los
autores que revisamos en este libro, los freudianos y los conductuales tienden
a ser mecanicistas, mientras que los neofreudianos, humanistas y
existencialistas tienden a la postura teleológica. Jung cree que ambos juegan
algún papel, pero añade una última alternativa ideológica llamada
sincronicidad.
La sincronicidad
supone la ocurrencia de dos eventos que no están asociados ni causalmente ni
teleológicamente, más sin embargo tienen una relación significativa. Una vez,
un paciente me describía un sueño con un escarabajo y justo en ese momento, por
la ventana del despacho pasó volando un escarabajo muy similar al que describía
en su sueño. Muchas veces, las personas soñamos con, digamos, la muerte de un
ser querido y a la mañana siguiente nos encontramos con la muerte real de esa
persona y que murió más o menos a la hora en que lo soñamos. Algunas veces,
cogemos el teléfono para llamar a un amigo y nos encontramos con él en la línea
al levantar el auricular. La mayoría de los psicólogos llamarían a estas
situaciones coincidencias o intentan demostrarnos lo frecuentes que son. Jung
creía que estas situaciones eran indicativas de cómo nos interconectamos los
seres humanos con la naturaleza en general a través del inconsciente colectivo.
Jung nunca se
aclaró con respecto a sus creencias religiosas, pero esta idea inusual de
sincronicidad la hallamos fácilmente explicada en la perspectiva hindú de la
realidad. Desde este punto de vista, nuestros Yo individuales son como islas en
el mar. Estamos acostumbrados a ver el mundo y a los demás como entes
individuales y separados. Lo que no vemos es que estamos conectados entre
nosotros por medio del suelo marino que subyace a las aguas.
El otro mundo es
llamado maya, que significa ilusión y se considera un sueño de Dios o como un
baile de Dios; esto es, Dios lo ha creado, pero no es real en sí mismo.
Nuestros Yo individuales reciben el nombre de jivatman o almas individuales,
siendo también algo parecido a una ilusión. Todos nosotros somos extensiones del
único y supremo Atman o Dios, el cual se permite olvidarse un poco de su
identidad para volverse aparentemente separado e independiente volviéndose cada
uno de nosotros. Pero de hecho, nunca estamos separados del todo. Cuando
morimos, nos despertamos siendo lo que realmente fuimos desde el principio:
Dios.
Cuando soñamos o
meditamos, nos metemos dentro de nuestro inconsciente personal, acercándonos
cada vez más a nuestra esencia: el inconsciente colectivo. Es precisamente en
estos estados cuando somos más permeables a las "comunicaciones" de
otros Yo. La sincronicidad hace de la teoría de Jung una de las pocas que no
solo es compatible con los fenómenos parapsicológicos, sino que incluso intenta
explicarlos.
Introversión y extroversión:
Jung desarrolló
una tipología de la personalidad que se ha vuelto tan popular que mucha gente
cree que él no hizo nada más. Esta empieza con la diferencia entre
introversión y
extroversión.
Las personas introvertidas prefieren su mundo interno de pensamientos,
sentimientos, fantasías, sueños y demás, mientras que las extrovertidas
prefieren el mundo externo de las cosas, las actividades y las personas.
Estos términos se
han confundido con vocablos como timidez y sociabilidad, debido en parte a que
los introvertidos suelen ser tímidos y los extrovertidos tienden a ser más
sociables. Pero Jung se refería más a cuán inclinados estamos (nuestro Yo)
hacia la persona y la realidad externa o hacia el inconsciente colectivo y sus
arquetipos. En este sentido, el sujeto introvertido es un poco más maduro que
el extrovertido, aunque bien es cierto que nuestra cultura valora más al
extrovertido…y Jung ¡ya nos avisó de que todos nosotros tendemos a valorar
nuestro propio tipo por encima de cualquier otra cosa!.
En la actualidad,
encontramos la dimensión de introversión-extroversión en varias teorías, de las
cuales destaca de forma notable la de Hans Eysenck, aunque esta dimensión se
esconda bajo los nombres alternativos de "sociabilidad" y
"surgencia".
Las funciones:
-El Fuego se manifiesta a través de la Intuición.
-La Tierra a través de la Sensación.
-El Aire a través del Pensamiento.
-El Agua a través de los Sentimientos.
Aun cuando seamos
introvertidos o extrovertidos, está claro que necesitamos lidiar con el mundo,
tanto interno como externo. Y cada uno de nosotros posee su propia manera de
hacerlo, de manera más o menos cómoda y útil. Jung sugiere que existen cuatro
maneras o
funciones de hacerlo:
1)
La
primera es la de las sensaciones,
que como indica la propia palabra supone la acción de obtener información a
través de los significados de los sentidos. Una persona sensible es aquella que
dirige su atención a observar y escuchar, y por tanto, a conocer el mundo. Jung
consideraba a esta función como una de las irracionales, o lo que es lo mismo,
que comprende más a las percepciones que al juicio de la información.
2)
La
segunda es la del pensamiento.
Pensar supone evaluar la información o las ideas de forma racional y lógica.
Jung llamó a esta función como racional, o la toma de decisiones en base a
juicios, en vez de una simple consideración de la información.
3)
La
tercera es la intuición.
Este es un modelo de percepción que funciona fuera de los procesos conscientes
típicos. Es irracional o perceptiva como la sensación, pero surge de una
bastante más compleja integración de grandes cantidades de información, más que
una simple visión o escucha. Jung decía que era como "ver alrededor de las
esquinas".
4)
La
cuarta es el sentimiento.
Es el acto de sentir, como el de pensar. Es una cuestión de evaluación de la
información. En este caso está dirigida a la consideración de la respuesta
emocional en general. Jung le llamó racional; evidentemente no de la manera en
que estamos acostumbrados a usar el término.
Todos nosotros
poseemos estas funciones. Diríamos que simplemente la usamos en diferentes
proporciones. Cada uno de nosotros tiene una función superior que preferimos y
que está más desarrollada; otra secundaria, de la cual somos conscientes de su
existencia y la usamos solo para apoyar a la primera. También tenemos una
terciaria, la cual está muy poco desarrollada y no es muy consciente para
nosotros y finalmente una inferior, la cual está muy pobremente desarrollada y
es tan inconsciente que podríamos negar su existencia en nosotros.
La mayoría de
nosotros sólo desarrolla una o dos de las funciones, pero nuestra meta debería
ser desarrollar las cuatro. Una vez más, Jung considera la trascendencia de los
opuestos como un ideal.
Valoración:
Katharine Briggs y
su hija Isabel Briggs Myers encontraron tan valiosos los tipos y funciones de
Jung de las personalidades que decidieron desarrollar un test, el Myers-Briggs
Type Indicator (el Indicador de Tipo Myers-Briggs). Llegando a ser uno de los
tests más populares y estudiados de cuantos hay.
A partir de las
respuestas de más o menos 125 preguntas, se nos sitúa en uno de los 16 tipos,
estableciendo una inclusión definitiva en dos o tres tipos. El resultado del
tipo al que pertenecemos dice muy poco de nosotros (por ejemplo, nuestros
gustos o disgustos, nuestras elecciones de carrera, nuestra compatibilidad con
los demás y así sucesivamente). En general, a muchas personas les gusta el
test, ya que tiene la particularidad de ser uno de los pocos test que posee la
inusual cualidad de no ser demasiado juicioso: ninguno de los tipos resultantes
es exageradamente negativo ni tampoco extremadamente positivo. En vez de
valorar cuán "loco" estás, simplemente abre tu personalidad a la
exploración.
El test tiene
cuatro escalas:
- La
Extroversión-introversión (E-I) es la más importante. Los
investigadores que han aplicado el test han hallado que el 75% de la población
es extrovertida.
- La siguiente es la
de
Sensación-intuición (S-N), con cerca del 75% de la población siendo
sensible.
- La próxima es la
de
Pensamiento-sentimiento (T-F). Aunque los resultados en las poblaciones
estudiadas se reparten casi por igual, los investigadores han hallado que cerca
de dos tercios de los hombres pertenecen a la primera categoría, mientras que
otros dos tercios de las mujeres son sentimentales. Estos resultados se podrían
considerar un tanto estereotipados, pero debemos tomar en cuenta que los
junguianos consideran de igual valor tanto al pensamiento como al sentimiento y
que, por supuesto, un tercio de los hombres son sentimentales y que otro tercio
de las mujeres utilizan prioritariamente el pensamiento. Además, debemos
considerar que la sociedad sí establece diferencias de valor entre el
pensamiento y el sentimiento. Desde luego que un hombre sentimental y una mujer
excesivamente racional hallan dificultades para lidiar con las expectativas de
los estereotipos de las personas en nuestra sociedad.
- La última escala
es la de
Juicio-percepción (J-P), una escala incluida por Myers y
Briggs y ausente de la teoría junguiana. Estas autoras decidieron incluirla con
el fin de determinar cuál de las funciones podría ser superior. Generalmente,
las personas juiciosas son más cautas y cuidadosas, incluso inhibidas en sus
vidas. Las personas perceptivas tienden a ser más espontáneas e incluso en
ocasiones descuidadas. La extroversión más una "J" supone que la
persona es una pensadora o una sentimental. Ambos son poderosos. La
extroversión más una "P" significa que estamos frente a una persona
sensible o intuitiva. En el otro extremo, una persona introvertida con una
"J" alta será un sensible o un intuitivo, mientras que otra
introvertida con una "P" alta será un pensador o un sentimental. La J
y la P están distribuidas de manera equitativa en la población.
Cada tipo está
identificado por cuatro letras, tales como ENFJ. Estos han llegado a ser tan
populares que incluso ¡podemos hallarlos en las matrículas de los coches!.
ENFJ (Extroversión sentimental con intuición).
Estas personas son locuaces. Tienden a idealizar a sus amigos. Se comportan
como buenos padres, pero tienen cierta tendencia a dejarse manipular por ellos.
Llegan a ser buenos terapeutas, maestros, ejecutivos y comerciales.
ENFP (Extroversión intuitiva con sentimentalismo).
Estas personas aman lo nuevo y las sorpresas. Son muy emotivos y expresivos.
Son susceptibles de tener tensión muscular y tienden a estar hiperalertas. En
general, es común que tiendan a sentir mucho su lado interno respecto a las
emociones. Son buenos para las ventas, la publicidad, la política y la
actuación.
ENTJ (Extroversión de pensamiento con
intuición). Cuando pertenecen a un hogar, esperan mucho de sus parejas y sus
hijos. Les gusta la organización y el orden y suelen ser buenos ejecutivos y
administradores.
ENTP (Extroversión intuitiva con pensamiento).
Son personas vivaces; nada aburridas o envejecidas. Como parejas, son un tanto
peligrosas en lo económico. Son buenos para el análisis y poseen un gran
espíritu empresarial. Tienden a establecerse en una posición superior con
respecto a otros de forma muy sutil.
ESFJ (Extroversión sentimental con sensación).
A estas personas les gusta la armonía. Tienden a presentar una postura de lo
que "se debe" y "no se debe". Suelen ser dependientes,
primero de sus padres y luego de sus parejas. Son personas muy sensibles que se
relacionan con los demás con el corazón en la mano.
ESFP (Extroversión de sensación con
sentimentalismo). Son muy generosos e impulsivos, teniendo una pobre tolerancia
a la ansiedad. Pueden llegar a ser buenos amenizadores, les gustan las
relaciones públicas y aman el teléfono. Deberían evitar grandes quebraderos de
cabeza en los estudios, como las ciencias.
ESTJ (Extroversión de pensamiento con
sensación). Son personas muy responsables como parejas, padres y como
trabajadores. Son realistas; con los pies sobre el suelo, más bien aburridos y
avejentados y aman la tradición. Usualmente podemos verlos en clubes civiles.
ESTP (Extroversión de sensación con
pensamiento). Son personas orientadas hacia la acción, usualmente sofisticadas
e incluso arriesgadas (nuestro James Bond). Como parejas son encantadores y
excitantes, pero presentan problemas a la hora de comprometerse. Se realizan
como buenos promotores, empresarios y artistas de la farándula.
INFJ (Introversión intuitiva con
sentimentalismo). Estos son los típicos estudiantes serios y aquellos
trabajadores que realmente quieren contribuir. Son muy intimistas y se hieren
con facilidad. Son buenas parejas, pero tienden a ser muy reservados
físicamente. Las personas creen con frecuencia que son psíquicos. Se establecen
como buenos terapeutas, practicantes, ministros y demás.
INFP (Introversión sentimental con intuición).
Estas personas son idealistas, sacrificadas y con cierta reserva o distancia de
los demás. Son muy familiares y hogareños, pero no se relajan con facilidad.
Les hallamos con frecuencia entre los psicólogos, arquitectos y religiosos,
pero nunca entre los hombres de negocios. Tanto Jung como yo, admiramos a este
tipo de personas. ¡Claro, Jung y yo somos así!.
INTJ (Introversión intuitiva con pensamiento).
Es el grupo más independiente de todos. Aman las ideas y la lógica y por tanto
son muy dados a la investigación científica. Son más bien particulares en su
forma de pensar.
INTP (Introversión de pensamiento con
intuición). Estos son los llamados ratas de biblioteca. Son personas
preocupadas, fieles y fácilmente pasan desapercibidos. (Como ejemplo reciente,
en la película "What women want" con Mel Gibson y Helen Hunt, aparece
un personaje de mujer en la empresa donde trabaja el personaje de Gibson que pasa
plenamente desapercibida por los demás y ella está constantemente pensando en
esta situación. N.T.). Tienden a ser muy precisos en el uso del lenguaje. Son
buenos para la lógica y las matemáticas y se hacen buenos filósofos y
científicos teóricos, pero nunca escritores o comerciales.
ISFJ (Introversión de sensación con
sentimentalismo). Son personas serviciales y están muy dirigidos al trabajo.
Pueden presentar fatiga y tienden a sentirse atraídos por los gamberros. Son
buenos enfermeros, profesores, secretarios, practicantes, bibliotecarios,
empresarios de negocios medios y amas de llaves.
ISFP (Introversión sentimental con sensación).
Son tímidos y retraídos; poco habladores, pero les gustan los actos que tengan
que ver con actividades sensuales. Les gusta la pintura, el dibujo, la
escultura, la composición musical, el baile (las artes en general) y la
naturaleza. No son muy buenos en el compromiso sentimental.
ISTJ (Introversión de sensación con
pensamiento). Son los llamados pilares dependientes de la fuerza. Usualmente
intentan modificar las formas de ser de sus parejas y de otras personas. Llegan
a ser buenos analistas bancarios, auditores, contables, inspectores de
hacienda, supervisores de librerías y hospitales, negociantes, educadores de
física y maestros, e incluso, buenos boy scouts.
ISTP (Introversión de pensamiento con
sensación). Son personas orientadas a la acción y libres de miedo, y buscan el
riesgo. Son impulsivos y peligrosos de detener. Les encantan las herramientas,
los instrumentos y las armas, y usualmente se convierten en expertos técnicos.
No están interesados en absoluto en las comunicaciones y con frecuente son mal
diagnosticados como disléxicos o hiperactivos. Tienden a ser malos estudiantes.