Conceptos Jungianos / Carl Jung



La Psique:
La teoría de Jung divide la psique en tres partes:

1)     La primera es el Yo, el cual se identifica con la mente consciente.

2)     El inconsciente personal, que incluye cualquier cosa que no esté presente en la consciencia, pero que no está exenta de estarlo. El inconsciente personal sería como lo que las personas entienden por inconsciente en tanto incluye ambas memorias, las que podemos atraer rápidamente a nuestra consciencia y aquellos recuerdos que han sido reprimidos por cualquier razón. La diferencia estriba en que no contiene a los instintos, como Freud incluía.

3)     El inconsciente colectivo. Podríamos llamarle sencillamente nuestra "herencia psíquica". Es el reservorio de nuestra experiencia como especie; un tipo de conocimiento con el que todos nacemos y compartimos. Aun así, nunca somos plenamente conscientes de ello. A partir de él, se establece una influencia sobre todas nuestras experiencias y comportamientos, especialmente los emocionales; pero solo le conocemos indirectamente, viendo estas influencias.
Existen ciertas experiencias que demuestran los efectos del inconsciente colectivo más claramente que otras. La experiencia de amor a primera vista, el deja vu (el sentimiento de haber estado anteriormente en la misma situación) y el reconocimiento inmediato de ciertos símbolos y significados de algunos mitos, se pueden considerar como una  conjunción súbita de la realidad externa e interna del inconsciente colectivo. Otros ejemplos que ilustran con más amplitud la influencia del inconsciente colectivo son las experiencias creativas compartidas por los artistas y músicos del mundo en todos los tiempos, o las experiencias espirituales de la mística de todas las religiones, o los paralelos de los sueños, fantasías, mitologías, cuentos de hadas y la literatura.
Un ejemplo interesante que actualmente se discute es la experiencia cercana a la muerte. Parece ser que muchas personas de diferentes partes del mundo y con diferentes antecedentes culturales viven situaciones muy similares cuando han sido "rescatados" de la muerte clínica. Hablan de que sienten que abandonan su cuerpo, viendo sus cuerpos y los eventos que le rodean claramente; de que sienten como una "fuerza" les atrae hacia un túnel largo que desemboca en una luz brillante; de ver a familiares fallecidos o figuras religiosas esperándoles y una cierta frustración por tener que abandonar esta feliz escena y volver a sus cuerpos. Quizás todos estamos "programados" para vivir la experiencia de la muerte de esta manera.


El arquetipo materno: Este arquetipo es particularmente útil como ejemplo. Todos nuestros ancestros tuvieron madres. Hemos evolucionados en un ambiente que ha incluido una madre o un sustituto de ella. Nunca hubiéramos sobrevivido sin la conexión con una persona cuidadora en nuestros tiempos de infantes indefensos. Está claro que somos "construidos" de forma que refleja nuestro ambiente evolutivo: venimos a este mundo listo para desear una madre, la buscamos, la reconocemos y lidiamos con ella.  Así, el arquetipo de madre es una habilidad propia constituida evolutivamente y dirigida a reconocer una cierta relación, la de la "maternalidad".   Jung establece esto como algo abstracto, y todos nosotros proyectamos el arquetipo a la generalidad del mundo y a personas particulares, usualmente nuestras propias madres. Incluso cuando un arquetipo no encuentra una persona real disponible, tendemos a personificarlo; esto es, lo convertimos en un personaje mitológico "de cuentos de hadas", por ejemplo. Este personaje simboliza el arquetipo. Este arquetipo está simbolizado por la madre primordial o "madre tierra" de la mitología; por Eva y María en las tradiciones occidentales y por símbolos menos personalizados como la iglesia, la nación, un bosque o el océano. De acuerdo con Jung, alguien a quien su madre no ha satisfecho las demandas del arquetipo, se convertiría perfectamente en una persona que lo busca a través de la iglesia o identificándose con la "tierra madre", o en la meditación sobre la figura de María o en una vida dedicada a la mar.



El Self:



El self es un arquetipo que representa la trascendencia de todos los opuestos, de manera que cada aspecto de nuestra personalidad se expresa de forma equitativa. Por tanto, no somos ni masculinos ni femeninos; somos ambos; lo mismo para el Yo y la sombra, para el bien y el mal, para lo consciente y lo inconsciente, y también lo individual y lo colectivo (la creación en su totalidad). Y por supuesto, si no hay opuestos, no hay energía y dejamos de funcionar. Evidentemente, ya no necesitaríamos actuar.
Si intentamos alejarnos un poco de las consideraciones místicas, sería recomendable que nos situáramos en una postura más centralista y equilibrada de nuestra psique. Cuando somos jóvenes, nos inclinamos más hacia el Yo, así como en las trivialidades de la persona. Cuando envejecemos (asumiendo que lo hemos hecho apropiadamente), nos dirigimos hacia consideraciones más profundas sobre el self y nos acercamos más a las gentes, hacia la vida y hacia el mismo universo. La persona que se ha realizado (que ha desarrollado su sí mismo- su self) es de hecho menos egocéntrica.


El arquetipo más importante es el de self  (mantendremos aquí el término "self" que "sí mismo", por su aceptación literal en psicología de habla hispana. N.T.). El self es la unidad última de la personalidad y está simbolizado por el círculo, la cruz y las figuras mandalas que Jung halló en las pinturas. Un mandala es un dibujo que se usa en meditación y se utiliza para desplazar el foco de atención hacia el centro de la imagen. Puede ser un trazo tan simple como una figura geométrica o tan complicado como un vitral. La personificación que mejor representa el self es Cristo y Buda; dos personas, por cierto, que representan según muchos, el logro de la perfección. Pero Jung creía que la perfección de la personalidad solamente se alcanza con la muerte.


La meta de la vida es lograr un self. 





La sombra:


Por supuesto que en la teoría junguiana también hay espacio para el sexo y los instintos. Éstos forman parte de un arquetipo llamado la sombra. Deriva de un pasado pre-humano y animal, cuando nuestras preocupaciones se limitaban a sobrevivir y a la reproducción, y cuando no éramos conscientes de nosotros como sujetos.

Sería el "lado oscuro" del Yo (del sí mismo. N.T.) y nuestra parte negativa o diabólica también se encuentra en este espacio. Esto supone que la sombra es amoral; ni buena ni mala, como en los animales. Un animal es capaz de cuidar calurosamente de su prole, al tiempo que puede ser un asesino implacable para obtener comida. Pero él no escoge ninguno de ellos. Simplemente hace lo que hace. Es "inocente". Pero desde nuestra perspectiva humana, el mundo animal nos parece brutal, inhumano; por lo que la sombra se vuelve algo relacionado con un "basurero" de aquellas partes de nosotros que no queremos admitir.
Los símbolos de la sombra incluyen la serpiente (como en el Jardín del Edén), el dragón, los monstruos y demonios. Usualmente guarda la entrada a una cueva o a una piscina de agua, que representarían el inconsciente colectivo. La siguiente vez que sueñen que se están peleando con un luchador fortísimo, puede que simplemente ¡se esté peleando con usted mismo!.


La persona / La Máscara:


La persona (Máscara) representa nuestra imagen pública. La palabra, obviamente, está relacionada con el término persona y personalidad y proviene del latín que significa máscara. Por tanto, la persona es la máscara que nos ponemos antes de salir al mundo externo. Aunque se inicia siendo un arquetipo, con el tiempo vamos asumiéndola, llegando a ser la parte de nosotros más distantes del inconsciente colectivo.
En su mejor presentación, constituye la "buena impresión" que todos queremos brindar al satisfacer los roles que la sociedad nos exige. Pero, en su peor cara, puede confundirse incluso por nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza. Algunas veces llegamos a creer que realmente somos lo que pretendemos ser.


Anima y animus:



Una parte de la persona es el papel masculino o femenino que debemos interpretar. Para la mayoría de los teóricos, este papel está determinado por el género físico. Pero, al igual que Freud, Adler y otros, Jung pensaba que en realidad todos nosotros somos bisexuales por naturaleza. Cundo empezamos nuestra vida como fetos, poseemos órganos sexuales indiferenciados y es solo gradualmente, bajo la influencia hormonal, cuando nos volvemos machos y hembras. De la misma manera, cuando empezamos nuestra vida social como infantes, no somos masculinos o femeninos en el sentido social. Casi de inmediato (tan pronto como nos pongan esas botitas azules o rosas), nos desarrollamos bajo la influencia social, la cual gradualmente nos convierte en hombres y mujeres.
En todas las culturas, las expectativas que recaen sobre los hombres y las mujeres difieren. Estas están basadas casi en su totalidad sobre nuestros diferentes papeles en la reproducción y en otros detalles que son casi exclusivamente tradicionales. En nuestra sociedad actual, todavía retenemos muchos remanentes de estas expectativas tradicionales. Todavía esperamos que las mujeres sean más calurosas y menos agresivas; que los hombres sean fuertes y que ignoren los aspectos emocionales de la vida. Pero Jung creía que estas expectativas significaban que solo hemos desarrollado la mitad de nuestro potencial.



El ánima es el aspecto femenino presente en el inconsciente colectivo de los hombres y el animus es el aspecto masculino presente en el inconsciente colectivo de la mujer. Unidos se les conoce como syzygy. El ánima puede estar representada (personificada) como una joven chica, muy espontánea e intuitiva, o como una bruja, o como la madre tierra. Usualmente se asocia con una emocionalidad profunda y con la fuerza de la vida misma.

El animus puede personificarse como un viejo sabio, un guerrero, o usualmente como un grupo de hombres, y tiende a ser lógico, muchas veces racionalista e incluso argumentativo.

El ánima y el animus son los arquetipos a través de los cuales nos comunicamos con el inconsciente colectivo en general y es importante llegar a contactar con él. Es también el arquetipo responsable de nuestra vida amorosa: como sugiere un mito griego, estamos siempre buscando nuestra otra mitad; esa otra mitad que los Dioses nos quitaron, en los miembros del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a primera vista, nos hemos topado con algo que ha llenado nuestro arquetipo ánima o animus particularmente bien.

Otros arquetipos:
Jung decía que no existía un número fijo de arquetipos que pudiésemos listar o memorizar. Se superponen y se combinan entre ellos según la necesidad y su lógica no responde a los estándares lógicos que entendemos. Jung, sin embargo, definió algunos otros:

Además de la madre, existen otros arquetipos familiares. Obviamente, existe un padre que con frecuencia está simbolizado por una guía o una figura de autoridad. Existe también el arquetipo de familia que representa la idea de la hermandad de sangre, así como unos lazos más profundos que aquellos basados en razones conscientes.
También tenemos el de niño, representado en la mitología y en el arte por los niños, en particular los infantes, así como por otras pequeñas criaturas. La celebración del niño Jesús en las Navidades es una manifestación del arquetipo niño y representa el futuro, la evolución, el renacimiento y la salvación. Curiosamente, la Navidad acontece durante el solsticio de invierno, el cual representa el futuro y el renacimiento en las culturas primitivas nórdicas. Estas personas encienden hogueras y realizan ceremonias alrededor del fuego implorando la vuelta del sol. El arquetipo niño también con frecuencia se mezcla con otros, formando el niño-dios o el niño-héroe.

Muchos arquetipos son caracteres de leyendas. El héroe es uno de los principales. Está representado por la personalidad mana y es el luchador de los dragones malvados. Básicamente, representa al Yo (tendemos a identificarnos con los héroes de las historias) y casi siempre está envuelto en batallas contra la sombra, en forma de dragones y otros monstruos. No obstante, el héroe es tonto. Es, después de todo, un ignorante de las formas del inconsciente colectivo. Luke Skywalker, de La Guerra de las Galaxias, sería el ejemplo perfecto.

Al héroe usualmente se le encarga la tarea de rescatar a la doncella, la cual representa la pureza, inocencia y en todas por igual, la candidez. En la primera parte de la historia de la Guerra de las Galaxias, la princesa Leia es la doncella. Pero, a medida que la historia avanza, ella se vuelve ánima, descubriendo el poder de la fuerza (el inconsciente colectivo) y se vuelve un compañero igual que Luke, quien resulta ser su hermano.

El héroe es guiado por un viejo hombre sabio, una forma de animus que le revela al primero la naturaleza del inconsciente colectivo. En la Guerra de las Galaxias, este viejo es Obi Wan Kenobi, y luego Yoda. Obsérvese que ambos enseñan a Luke todo sobre la fuerza, y cuando Luke madura, mueren, volviéndose parte de él.
Quizás se estén preguntando por el arquetipo de "padre oscuro" de Darth Vader. Es la sombra y el maestro del lado oscuro de la fuerza. También resulta ser el padre de Leia y Luke. Cuando muere, se convierte en uno de los viejos hombres sabios.
Este es también un arquetipo animal y representa las relaciones humanas con el mundo animal. Un buen ejemplo sería el del caballo fiel del héroe. Las serpientes también son frecuentes arquetipos animales y creemos que son particularmente listas. Después de todo, los animales están más cercanos a sus naturalezas que nosotros. Quizás, los pequeños robots y la siempre disponible nave espacial (el Halcón) sean símbolos de animales.

Y luego está el ilusionista, usualmente representado por un payaso o un mago. El papel de éste es el de hacer las cosas más difíciles al héroe y crearle problemas. En la mitología escandinava, muchas de las aventuras de los dioses se originaban en algún truco demostrado a sus majestades por el medio-Dios Loki.

Existen otros arquetipos que son un poco más complicados de mencionar. Uno es el hombre original, representado en las culturas occidentales por Adán. Otro es el arquetipo Dios, el cual representa nuestra necesidad de comprender el Universo; que nos provee de significado a todo lo que ocurre y que todo tiene un propósito y dirección.
El hermafrodita, tanto hombre como mujer, es una de las ideas más importantes de la teoría junguiana y representa la unión de los opuestos. En algunos cuadros religiosos, Jesucristo está representado más bien como un hombre afeminado. Así mismo, en China, el carácter de Kuan Yin es de hecho un santo masculino (el bodhisattva Avalokiteshwara), ¡pero está pintado de una forma tan femenina que usualmente se le considera más como la diosa de la compasión!.


Principios:



Bueno, ya está bien de contenidos mentales. Vamos ahora a ocuparnos de los principios de sus operaciones. Jung nos brinda tres principios.


1)      El primero de ellos es el principio de los opuestos. Cada deseo inmediatamente sugiere su opuesto. Por ejemplo, si tengo un pensamiento positivo, no puedo dejar de tener el opuesto en algún lugar de mi mente. De hecho, es un concepto bastante básico: para saber lo que es bueno debo conocer lo malo, de la misma forma que no podemos saber lo que es negro sin conocer lo blanco; o lo que es alto sin lo bajo.
Esta idea me sobrevino cuando tenía unos once años. Recuerdo que ocasionalmente me dio por salvar a muchas criaturitas inocentes del bosque que de alguna forma se habían herido (me temo que muchas veces provocándoles la muerte). Una vez intenté curar a un petirrojo, pero cuando lo alcé en mi mano, me deslumbró un halo de luz del sol y me llevé la mano a la cara. En ese momento pasó por mi mente la idea de que podía haberlo aplastado. Imagínense, no me gustaba nada la idea, pero me vino innegablemente.
De acuerdo con Jung, es la oposición la que crea el poder (o libido) del psiquismo. Es como los dos polos de una batería, o la escisión de un átomo. Es el contraste el que aporta la energía, por lo que un contraste poderoso dará lugar a una energía fuerte y un contraste débil provocará una energía pobre.

2)     El segundo principio es el principio de equivalencia, donde la energía resultante de la oposición se distribuye equitativamente en ambos lados. Así, cuando yo sostenía a aquel pajarito en mi mano, existía una energía que me impulsaba a ayudarle; así como también otra de iguales características que me dirigía a aplastarle. Intenté ayudar al pájaro, por lo que toda esa energía se distribuyó en los variados comportamientos dirigidos a ese fin. Pero, ¿qué pasó entonces con la otra parte?.
Bueno, eso depende de la actitud que uno tome con respecto a ese deseo no satisfecho. Si mantenemos ese deseo de forma consciente; es decir, que somos capaces de reconocerlo, entonces provocamos un aumento de calidad en el funcionamiento psíquico; esto es, crecemos.
Si por el contrario, pretendemos negar que este pensamiento estuvo ahí, si lo suprimimos, la energía se dirigirá hacia el desarrollo de un complejo. El complejo es un patrón de pensamientos y sentimientos suprimidos que se agrupan (que establecen una constelación) alrededor de un tema en concreto proveniente de un arquetipo. Si negamos haber tenido un pensamiento relacionado con aplastar el pájaro, podríamos poner esa idea en una de las formas ofrecidas por la sombra (nuestro "lado oscuro"). O si un hombre niega su lado emocional, su emocionalidad puede encontrar su forma de expresión dentro del arquetipo de ánima.
Aquí es donde empiezan los problemas. Si pretendemos que en toda nuestra vida somos absolutamente buenos; que ni siquiera tenemos la capacidad de mentir y engañar; de robar y matar, entonces cada vez que seamos buenos, nuestra otra parte se consolidará en un complejo alrededor de la sombra. Ese complejo empezará a tomar vida propia y te atormentará da alguna manera. Puedes verte sufriendo de pesadillas donde ¡aplastas a pequeños pájaros!.
Si el complejo dura mucho tiempo, puede llegar a "poseerte" y puedes terminar con una personalidad múltiple. En la película "The Three Faces of Eve" (Las Tres Caras de Eva), Joanne Woodward daba vida a una mujer dulce y retraída que eventualmente iba descubriendo que salía a la calle los sábados en la noche, asumiendo una identidad contraria. No fumaba, y sin embargo encontraba paquetes de cigarrillos en su bolso; no bebía, más se levantaba con resaca y no flirteaba con hombres, aunque encontraba ropas en su habitación de lo más sexy. Es importante decir aquí, que a pesar de que el trastorno de personalidad múltiple es raro, cuando aparece no tiende a presentarse de una manera tan extrema, tipo blanco y negro.

3)     El último principio es el principio de entropía, el cual establece la tendencia de los opuestos a atraerse entre sí, con el fin de disminuir la cantidad de energía vital a lo largo de la vida. Jung extrajo la idea de la física, donde la entropía se refiere a la tendencia de todos los sistemas físicos de solaparse; esto es, que toda la energía se distribuya eventualmente. Si, por ejemplo, tenemos un calentador en la esquina de una habitación, con el tiempo el salón completo se calentará.
Cuando somos jóvenes, los opuestos tienden a ser muy extremos, malgastando una gran cantidad de energía. Por ejemplo, los adolescentes tienden a exagerar las diferencias entre sexos, siendo los chicos más machos y las chicas más femeninas, por lo que su actividad sexual está investida de grandes cantidades de energía. Además, estos oscilan de un extremo a otro, siendo locos y salvajes en un momento y encontrando la religión en otro.
A medida que nos vamos haciendo mayores, la mayoría de nosotros empieza a sentirse cómodos con nuestras facetas. Somos un poco menos idealistas e ingenuos y reconocemos que somos una combinación de bueno y malo. Nos vemos menos amenazados por nuestros opuestos sexuales y nos volvemos más andróginos. Incluso, en la edad de la vejez, las mujeres y los hombres tienden a parecerse más. Este proceso de sobreponernos por encima de nuestros opuestos; el ver ambos lados de lo que somos, es llamado trascendencia.






Sincronicidad:



A través de los años los teóricos han discutido ampliamente si los procesos psicológicos se establecen a partir de modelos mecanicistas o teleológicos. El mecanicismo es la idea de que las cosas funcionan a través de un proceso de causa-efecto. Una cosa lleva a otra, y esa otra a una siguiente y así sucesivamente, por lo que el pasado determina al presente. La teleología es la idea que defiende que somos guiados por nuestros propósitos, significados, valores y demás. El mecanicismo está asociado al determinismo y las ciencias naturales; la teleología está relacionada con el libre albedrío y se considera en la actualidad una postura un tanto rara. Es todavía común en filósofos moralistas, legalistas y religiosos y, por supuesto también, en algunos teóricos de la personalidad.
Con respecto a los autores que revisamos en este libro, los freudianos y los conductuales tienden a ser mecanicistas, mientras que los neofreudianos, humanistas y existencialistas tienden a la postura teleológica. Jung cree que ambos juegan algún papel, pero añade una última alternativa ideológica llamada sincronicidad.
La sincronicidad supone la ocurrencia de dos eventos que no están asociados ni causalmente ni teleológicamente, más sin embargo tienen una relación significativa. Una vez, un paciente me describía un sueño con un escarabajo y justo en ese momento, por la ventana del despacho pasó volando un escarabajo muy similar al que describía en su sueño. Muchas veces, las personas soñamos con, digamos, la muerte de un ser querido y a la mañana siguiente nos encontramos con la muerte real de esa persona y que murió más o menos a la hora en que lo soñamos. Algunas veces, cogemos el teléfono para llamar a un amigo y nos encontramos con él en la línea al levantar el auricular. La mayoría de los psicólogos llamarían a estas situaciones coincidencias o intentan demostrarnos lo frecuentes que son. Jung creía que estas situaciones eran indicativas de cómo nos interconectamos los seres humanos con la naturaleza en general a través del inconsciente colectivo.

Jung nunca se aclaró con respecto a sus creencias religiosas, pero esta idea inusual de sincronicidad la hallamos fácilmente explicada en la perspectiva hindú de la realidad. Desde este punto de vista, nuestros Yo individuales son como islas en el mar. Estamos acostumbrados a ver el mundo y a los demás como entes individuales y separados. Lo que no vemos es que estamos conectados entre nosotros por medio del suelo marino que subyace a las aguas.

El otro mundo es llamado maya, que significa ilusión y se considera un sueño de Dios o como un baile de Dios; esto es, Dios lo ha creado, pero no es real en sí mismo. Nuestros Yo individuales reciben el nombre de jivatman o almas individuales, siendo también algo parecido a una ilusión. Todos nosotros somos extensiones del único y supremo Atman o Dios, el cual se permite olvidarse un poco de su identidad para volverse aparentemente separado e independiente volviéndose cada uno de nosotros. Pero de hecho, nunca estamos separados del todo. Cuando morimos, nos despertamos siendo lo que realmente fuimos desde el principio: Dios.
Cuando soñamos o meditamos, nos metemos dentro de nuestro inconsciente personal, acercándonos cada vez más a nuestra esencia: el inconsciente colectivo. Es precisamente en estos estados cuando somos más permeables a las "comunicaciones" de otros Yo. La sincronicidad hace de la teoría de Jung una de las pocas que no solo es compatible con los fenómenos parapsicológicos, sino que incluso intenta explicarlos.


Introversión y extroversión:




Jung desarrolló una tipología de la personalidad que se ha vuelto tan popular que mucha gente cree que él no hizo nada más. Esta empieza con la diferencia entre introversión y extroversión. Las personas introvertidas prefieren su mundo interno de pensamientos, sentimientos, fantasías, sueños y demás, mientras que las extrovertidas prefieren el mundo externo de las cosas, las actividades y las personas.
Estos términos se han confundido con vocablos como timidez y sociabilidad, debido en parte a que los introvertidos suelen ser tímidos y los extrovertidos tienden a ser más sociables. Pero Jung se refería más a cuán inclinados estamos (nuestro Yo) hacia la persona y la realidad externa o hacia el inconsciente colectivo y sus arquetipos. En este sentido, el sujeto introvertido es un poco más maduro que el extrovertido, aunque bien es cierto que nuestra cultura valora más al extrovertido…y Jung ¡ya nos avisó de que todos nosotros tendemos a valorar nuestro propio tipo por encima de cualquier otra cosa!.
En la actualidad, encontramos la dimensión de introversión-extroversión en varias teorías, de las cuales destaca de forma notable la de Hans Eysenck, aunque esta dimensión se esconda bajo los nombres alternativos de "sociabilidad" y "surgencia".


Las funciones:







-El Fuego se manifiesta a través de la Intuición.
-La Tierra a través de la Sensación.
-El Aire a través del Pensamiento.
-El Agua a través de los Sentimientos.

Aun cuando seamos introvertidos o extrovertidos, está claro que necesitamos lidiar con el mundo, tanto interno como externo. Y cada uno de nosotros posee su propia manera de hacerlo, de manera más o menos cómoda y útil. Jung sugiere que existen cuatro maneras o funciones de hacerlo:


1)     La primera es la de las sensaciones, que como indica la propia palabra supone la acción de obtener información a través de los significados de los sentidos. Una persona sensible es aquella que dirige su atención a observar y escuchar, y por tanto, a conocer el mundo. Jung consideraba a esta función como una de las irracionales, o lo que es lo mismo, que comprende más a las percepciones que al juicio de la información.

2)     La segunda es la del pensamiento. Pensar supone evaluar la información o las ideas de forma racional y lógica. Jung llamó a esta función como racional, o la toma de decisiones en base a juicios, en vez de una simple consideración de la información.

3)     La tercera es la intuición. Este es un modelo de percepción que funciona fuera de los procesos conscientes típicos. Es irracional o perceptiva como la sensación, pero surge de una bastante más compleja integración de grandes cantidades de información, más que una simple visión o escucha. Jung decía que era como "ver alrededor de las esquinas".

4)     La cuarta es el sentimiento. Es el acto de sentir, como el de pensar. Es una cuestión de evaluación de la información. En este caso está dirigida a la consideración de la respuesta emocional en general. Jung le llamó racional; evidentemente no de la manera en que estamos acostumbrados a usar el término.


Todos nosotros poseemos estas funciones. Diríamos que simplemente la usamos en diferentes proporciones. Cada uno de nosotros tiene una función superior que preferimos y que está más desarrollada; otra secundaria, de la cual somos conscientes de su existencia y la usamos solo para apoyar a la primera. También tenemos una terciaria, la cual está muy poco desarrollada y no es muy consciente para nosotros y finalmente una inferior, la cual está muy pobremente desarrollada y es tan inconsciente que podríamos negar su existencia en nosotros.
La mayoría de nosotros sólo desarrolla una o dos de las funciones, pero nuestra meta debería ser desarrollar las cuatro. Una vez más, Jung considera la trascendencia de los opuestos como un ideal.


Valoración:



Katharine Briggs y su hija Isabel Briggs Myers encontraron tan valiosos los tipos y funciones de Jung de las personalidades que decidieron desarrollar un test, el Myers-Briggs Type Indicator (el Indicador de Tipo Myers-Briggs). Llegando a ser uno de los tests más populares y estudiados de cuantos hay.

A partir de las respuestas de más o menos 125 preguntas, se nos sitúa en uno de los 16 tipos, estableciendo una inclusión definitiva en dos o tres tipos. El resultado del tipo al que pertenecemos dice muy poco de nosotros (por ejemplo, nuestros gustos o disgustos, nuestras elecciones de carrera, nuestra compatibilidad con los demás y así sucesivamente). En general, a muchas personas les gusta el test, ya que tiene la particularidad de ser uno de los pocos test que posee la inusual cualidad de no ser demasiado juicioso: ninguno de los tipos resultantes es exageradamente negativo ni tampoco extremadamente positivo. En vez de valorar cuán "loco" estás, simplemente abre tu personalidad a la exploración.

El test tiene cuatro escalas:

- La Extroversión-introversión (E-I) es la más importante. Los investigadores que han aplicado el test han hallado que el 75% de la población es extrovertida.
- La siguiente es la de Sensación-intuición (S-N), con cerca del 75% de la población siendo sensible.
- La próxima es la de Pensamiento-sentimiento (T-F). Aunque los resultados en las poblaciones estudiadas se reparten casi por igual, los investigadores han hallado que cerca de dos tercios de los hombres pertenecen a la primera categoría, mientras que otros dos tercios de las mujeres son sentimentales. Estos resultados se podrían considerar un tanto estereotipados, pero debemos tomar en cuenta que los junguianos consideran de igual valor tanto al pensamiento como al sentimiento y que, por supuesto, un tercio de los hombres son sentimentales y que otro tercio de las mujeres utilizan prioritariamente el pensamiento. Además, debemos considerar que la sociedad sí establece diferencias de valor entre el pensamiento y el sentimiento. Desde luego que un hombre sentimental y una mujer excesivamente racional hallan dificultades para lidiar con las expectativas de los estereotipos de las personas en nuestra sociedad.
- La última escala es la de Juicio-percepción (J-P), una escala incluida por Myers y Briggs y ausente de la teoría junguiana. Estas autoras decidieron incluirla con el fin de determinar cuál de las funciones podría ser superior. Generalmente, las personas juiciosas son más cautas y cuidadosas, incluso inhibidas en sus vidas. Las personas perceptivas tienden a ser más espontáneas e incluso en ocasiones descuidadas. La extroversión más una "J" supone que la persona es una pensadora o una sentimental. Ambos son poderosos. La extroversión más una "P" significa que estamos frente a una persona sensible o intuitiva. En el otro extremo, una persona introvertida con una "J" alta será un sensible o un intuitivo, mientras que otra introvertida con una "P" alta será un pensador o un sentimental. La J y la P están distribuidas de manera equitativa en la población.
Cada tipo está identificado por cuatro letras, tales como ENFJ. Estos han llegado a ser tan populares que incluso ¡podemos hallarlos en las matrículas de los coches!.

ENFJ (Extroversión sentimental con intuición). Estas personas son locuaces. Tienden a idealizar a sus amigos. Se comportan como buenos padres, pero tienen cierta tendencia a dejarse manipular por ellos. Llegan a ser buenos terapeutas, maestros, ejecutivos y comerciales.
ENFP (Extroversión intuitiva con sentimentalismo). Estas personas aman lo nuevo y las sorpresas. Son muy emotivos y expresivos. Son susceptibles de tener tensión muscular y tienden a estar hiperalertas. En general, es común que tiendan a sentir mucho su lado interno respecto a las emociones. Son buenos para las ventas, la publicidad, la política y la actuación.
ENTJ (Extroversión de pensamiento con intuición). Cuando pertenecen a un hogar, esperan mucho de sus parejas y sus hijos. Les gusta la organización y el orden y suelen ser buenos ejecutivos y administradores.
ENTP (Extroversión intuitiva con pensamiento). Son personas vivaces; nada aburridas o envejecidas. Como parejas, son un tanto peligrosas en lo económico. Son buenos para el análisis y poseen un gran espíritu empresarial. Tienden a establecerse en una posición superior con respecto a otros de forma muy sutil.
ESFJ (Extroversión sentimental con sensación). A estas personas les gusta la armonía. Tienden a presentar una postura de lo que "se debe" y "no se debe". Suelen ser dependientes, primero de sus padres y luego de sus parejas. Son personas muy sensibles que se relacionan con los demás con el corazón en la mano.
ESFP (Extroversión de sensación con sentimentalismo). Son muy generosos e impulsivos, teniendo una pobre tolerancia a la ansiedad. Pueden llegar a ser buenos amenizadores, les gustan las relaciones públicas y aman el teléfono. Deberían evitar grandes quebraderos de cabeza en los estudios, como las ciencias.
ESTJ (Extroversión de pensamiento con sensación).  Son personas muy responsables como parejas, padres y como trabajadores. Son realistas; con los pies sobre el suelo, más bien aburridos y avejentados y aman la tradición. Usualmente podemos verlos en clubes civiles.
ESTP (Extroversión de sensación con pensamiento). Son personas orientadas hacia la acción, usualmente sofisticadas e incluso arriesgadas (nuestro James Bond). Como parejas son encantadores y excitantes, pero presentan problemas a la hora de comprometerse. Se realizan como buenos promotores, empresarios y artistas de la farándula.
INFJ (Introversión intuitiva con sentimentalismo). Estos son los típicos estudiantes serios y aquellos trabajadores que realmente quieren contribuir. Son muy intimistas y se hieren con facilidad. Son buenas parejas, pero tienden a ser muy reservados físicamente. Las personas creen con frecuencia que son psíquicos. Se establecen como buenos terapeutas, practicantes, ministros y demás.
INFP (Introversión sentimental con intuición). Estas personas son idealistas, sacrificadas y con cierta reserva o distancia de los demás. Son muy familiares y hogareños, pero no se relajan con facilidad. Les hallamos con frecuencia entre los psicólogos, arquitectos y religiosos, pero nunca entre los hombres de negocios. Tanto Jung como yo, admiramos a este tipo de personas. ¡Claro, Jung y yo somos así!.
INTJ (Introversión intuitiva con pensamiento). Es el grupo más independiente de todos. Aman las ideas y la lógica y por tanto son muy dados a la investigación científica. Son más bien particulares en su forma de pensar.
INTP (Introversión de pensamiento con intuición). Estos son los llamados ratas de biblioteca. Son personas preocupadas, fieles y fácilmente pasan desapercibidos. (Como ejemplo reciente, en la película "What women want" con Mel Gibson y Helen Hunt, aparece un personaje de mujer en la empresa donde trabaja el personaje de Gibson que pasa plenamente desapercibida por los demás y ella está constantemente pensando en esta situación. N.T.). Tienden a ser muy precisos en el uso del lenguaje. Son buenos para la lógica y las matemáticas y se hacen buenos filósofos y científicos teóricos, pero nunca escritores o comerciales.
ISFJ (Introversión de sensación con sentimentalismo). Son personas serviciales y están muy dirigidos al trabajo. Pueden presentar fatiga y tienden a sentirse atraídos por los gamberros. Son buenos enfermeros, profesores, secretarios, practicantes, bibliotecarios, empresarios de negocios medios y amas de llaves.
ISFP (Introversión sentimental con sensación). Son tímidos y retraídos; poco habladores, pero les gustan los actos que tengan que ver con actividades sensuales. Les gusta la pintura, el dibujo, la escultura, la composición musical, el baile (las artes en general) y la naturaleza. No son muy buenos en el compromiso sentimental.
ISTJ (Introversión de sensación con pensamiento). Son los llamados pilares dependientes de la fuerza. Usualmente intentan modificar las formas de ser de sus parejas y de otras personas. Llegan a ser buenos analistas bancarios, auditores, contables, inspectores de hacienda, supervisores de librerías y hospitales, negociantes, educadores de física y maestros, e incluso, buenos boy scouts.
ISTP (Introversión de pensamiento con sensación). Son personas orientadas a la acción y libres de miedo, y buscan el riesgo. Son impulsivos y peligrosos de detener. Les encantan las herramientas, los instrumentos y las armas, y usualmente se convierten en expertos técnicos. No están interesados en absoluto en las comunicaciones y con frecuente son mal diagnosticados como disléxicos o hiperactivos. Tienden a ser malos estudiantes.

El Viaje Arquetipico de los Arcanos Mayores

Tarot de Gabriel Goudinat

Vamos ahora, a desplegar el “relato cósmico” del devenir. Crearemos una historia evolutiva en la que los “arcanos mayores” nos marcarán el guión como si fuera la estructura de un juego, destinado a cambiarse y mutarse de miles de formas, cada una de ellas, expresada en un momento determinado de consulta de sentimientos, de actividad. Una ventana que muestra el paisaje y orienta el camino a seguir. Sin limitación de direcciones, espacio o posibilidades. Y así aprenderemos que la vida no es un camino lineal donde cada cosa encaja en un esquema fijo sino la oportunidad para recrear con nuestra idiosincrasia y bagaje anímico infinitas posibilidades de vivencia, todas ellas encaminadas a expresar y llegar a ser lo que ya somos “El Hombre Cósmico) 




O EL LOCO 

Acabo de emprender el “viaje” y contengo toda la totalidad de potencia, innata, poderosa sin dirección alguna. Puedo alcanzar la iluminación o perderme en la locura, ya que soy 
energía esencial . Como toda fuerza primordial soy a la vez caos y ausencia de normas.Estoy ausente de vínculos, pero deseando crearlos, como un recién concebido. Libertad plena y espíritu liberador inconmensurable. Contagio fuerza y libertad. Cuando miro en ese eterno bufón risueño marcho hacia la evolución de mi alma. ¿Quién controla esta fuerza. 


I MAGO - II PAPISA – III EMPERATRIZ 

I - La fuerza divina me ha dado todos las utensilios vitales. Puedo crear a partir del Espíritu, todos los mundos posibles.. Cuando me miro en el Mago siento que mi capacidad se desborda hasta el punto de no saber como manejarla. Soy como un niño recién nacido que modela el entorno con sus manos y construye su mundo a través de los sentidos. 
II - Tanto se acumula en mí el poder espiritual que siento necesidad de resguardarme. Desarrollo un intelecto y una espiritualidad al máximo pero no la expreso. Me resguardo, me aíslo porque hay en mí una virginidad que me retiene de hacerlo. Estoy gestando un nuevo ser emocional. Debe de ser altamente espiritual e intelectual porque no siento la necesidad de manifestarlo físicamente. No he descubierto la sexualidad. 
III - Ahora he eclosionado… así como una primavera fogosa, plena de exhuberancia y de capacidad de reproducirme. Me he convertido en la Madre Naturaleza, fértil, creativa. Fuerza adolescente seductora, fecunda y abundante. Expreso en el hombre el ideal femenino y su “ánima”. 


IIII EMPERADOR – V PAPA – VI EL ENAMORADO 

IIII - He encontrado la figura del esposo. Del Padre nutritivo. Toda la materialidad se manifiesta de manera estable. Soy el “ánimus” de la mujer, su parte masculina proyectada. Aporto la razón, la ley, la forma en la que la materia se organiza. Nutro la vida pero no me “enseñoreo” de ella. Cuido de aquello que me rodea y permito que florezca la vida lo suficiente para que las cosas se organicen. 
V - Como he necesitado transcender la materialidad del poderoso ser me miro en la figura del Papa. Es un puente, un ideal que me guía hacia la espiritualidad. Es mayor que yo mismo. Me indica un objetivo en la vida. Trata de unir mis fundamentos y dirigirlos hacia el alma. Quizás me ilumine o quizás no. Puedo caer en el fundamentalismo, si me alejo de la vida terrenal demasiado. A diferencia de la Papisa, el Papa actúa en el mundo. 
VI - El viaje no ha sino comenzado… todo lo que florece vitalmente en el alma ha de ser tocado por “eros”, por el angel del amor. Me siento confundido… creía que era poderoso y mayor, pero soy un joven inexperto y vacilante. Algo tira de mi consciencia.. siento que no me encontraré a mí mismo hasta que me realice en el amor. Busco el objeto del amor. 

VII EL CARRO – VIII JUSTICIA – VIIII EL ERMITAÑO 

VII - Ya he emprendido el viaje. Joven… pleno de fuerza, voy a conquistar la acción en el mundo. Voy a conquistar el corazón de las cosas. Puedo pecar de narcisismo y de juvenil imprudencia. En un momento me lleno de un cierto orgullo. MI meta, no obstante es la de materializar el espíritu y espiritualizar mi parte material. 
VIII - Pero mi marcha triunfal ha sido súbitamente obstaculizada por una figura imponente. Es objetiva y fría. No me envía mensajes de aliento, sin o que me recuerda que para poder continuar el viaje he de elegir bien. Eliminar lo superfluo y quedarme solo con lo necesario. Ser justo y atender las necesidades del alma. Las reales y no ficticias. Es la sabiduría y me impulsa a preguntarme…¿Me hago justicia conmigo mismo? ¿Soy misericordiosos hacía mí mismo y hacia los demás…? 
VIIII - Repentinamente me siento en crisis. En soledad. Me pesa el viaje. Me ilumino el pasaje del alma. Miro hacia el pasado pero me veo impelido a marchar hacia delante. Por primera vez siento la profundidad de mi alma. Vigilo mis pasos. Me imbuyo de espiritualidad y de una fuerza que me acerca hacia la mutación de mi interior. 

X LA RUEDA DE LA FORTUNA – XI LA FUERZA – XII EL COLGADO 

X - He llegado a un punto de bloqueo. No se si estoy al principio, a la mitad o al final del viaje. Por eso se me invita a preguntarme ¿En qué momento se encuentra mi vida?. Se lo pregunto a la esfinge de la Rueda. Tiene una manivela pero nadie la mueve. Parece estar parada. Inmovilizada en un pantano emocional. La esfinge me dice que los ciclos no dependen de uno mismo. Sino de la naturaleza de la vida. Espero que alguien o algo me ayuda a movilizar mi fortuna. 
XI - ¡Al fin¡ Siempre es la Fuerza la que inicia un nuevo ciclo. Una nueva energía. Descubro mis fuerzas instintivas animales. Mi sexualidad plena,. Mi animalidad creadora. Me siento lleno de pulsión vital consciente. 
XII - Pero a pesar de ello, el ciclo se para bruscamente. Estoy atrapado, sujeto de pies y manos. No me siento mal. Solo extraño. Creo que esta situación es una meditación, un silencio y una quietud necesarios. Antes de continuar viaje he de entregarme por completo. He de someterme a la vida. Ya que la vida es imposible de someter. 

XIII ARCANO SIN NOMBRE – XIIII TEMPLANZA – XV EL DIABLO 

XIII - De la meditación profunda y el sometimiento de la quietud, a la misma potencia de nuevo. Un ser descarnado, y renacido se lanza a romper con furia todo el pasado. Todo lo que no nos sirve. Cauteriza las heridas y los conceptos podridos, los sentimientos que nos atan sin dejarnos avanzar, son abolidos por la guadaña simbólica. Avanza con la fuerza y determinación del Loco. Quizás un tanto agresiva. Como si ansiara vivir de nuevo en busca de un a creatividad reconocida. 
XIIII - Como puedo armonizar tanta emergencia corporal y a la vez el anhelo de mi espíritu? Me siento desprotegido. Agotado de tanta lucha. No se que qué quiere de mí la vida. Tan pronto me levanta como me deja caer. Me empuja o me somete. ¿Es esto siempre así? Templanza me cura… me suaviza. Me procura el bálsamo del equilibrio. Me miro en su rostro benevolente y mis emociones se ablandan. Me “da alas” y a la vez me une a la tierra. Mis aparentes opuestos se relacionan armoniosamente. 
XV - Cuando me relajaba en su bálsamo protector un ser interior ha surgido de lo más profundo. Descubro que siento deseos, pasión, oscuridad, creatividad sin freno. Descubro una manera de sentir la vida, estando más allá del bien y del mal. Me doy cuenta de que no hay hipocresía en mi interior. Que añoro ser cómo soy sin límites. Estoy preparado para asumir la condición masculino-femenina de mi naturaleza. El fondo libre de prejuicios. La sexualidad fértil y vibrante. Es la fuerza el místico Diablo. Tiene la tentación de ser Dios. Una parte de nosotros mismos nos tienta con posibilidades desconocidas, al igual que Cristo fue tentado por el Diablo interior. 

XVI LA TORRE – XVII LA ESTRELLA – XVIII LA LUNA 

XVI - Esta emanación de poder sin frenos me había colocado en un pedestal de prepotencia. En una torre de orgullo.Todos los “vicios” del alma, contrapartida de las “virtudes” encerrados en una Torre de egocentrismo. El cielo viene en mi ayuda y con un violento rayo “iluminador de la consciencia” me libera y a la vez me arroja sin contemplaciones de la Torre de “Babel”. A pesar de lo aparatoso de la caída y de la humillación sentida, lo hace benevolentemente, y cubre mi “animus”y el de mi “anima” de “maná”, de maná nutritivo. Aprendo que toda “caída” o sufrimiento se origina cuando nos aferramos a la unilateralidad de la mente intelectual, vapuleada por un sistema emocional descontrolado. 
XVII - Al desalojarme de mi Torre. Desahuciarme de mi orgulloso habitáculo me aparece la Estrella en forma de esencia Femenina Cósmica. Parra ayudarme a encontrar mi sitio en el mundo y poder actuar en el. Es la guía espiritual que me relaciona con la divinidad. Siento sumisión y piedad. Entrega de un generoso potencial. Pero me advierte de no desarrollar actitudes peligrosas como la le exigir en vez de dar o la de dar hasta que se agota nuestro ser en una entrega sin consciencia. También me advierte de la posibilidad de mis sentimientos de insatisfacción perpetua. Siento que puedo tener fe en la “Buena Estrella” 
XVIII - Al caer tan bajo… todas mis emociones han encenegado mi espíritu. La mirada maternal de la Luna me dice que no se puede querer vivir tan activamente. Es necesario aprender a recibir. Ella es la Madre Cósmica y me introduce en el mundo de los sueños y del subconsciente. Descubro que mis anhelos y necesidades se tiñen de melancolía. Y que el “viaje hacia mí mismo” me sume en una “Noche Oscura del Alma." La Luna me hace sentirme receptiva… imbuída de su poder reflectante. Me ilumina el agua emocional… me abre a lo profundo de la poesía, de la feminidad total. Me invita a llegar a la orilla de mi ser.. de vuelta a “casa”. 


XVIIII EL SOL – XX EL JUICIO 

XVIIII - Al llegar a la orilla he sido acogida por el Padre Cósmico. Todo lo que era receptividad se convierte en impulso activo. Saludo a mi alma gemela”. Animus y ánima” engendrados por la misma consciencia creadora. Amorosos. Amigos. Soy reconocida y amada como soy. Mi alma ya no es un vasto territorio a conquistar, sino un hogar protegido y nutriente. Su contacto provoca el despertar de la consciencia masculina y de la inteligencia de la feminidad. 
XX - Al ser reconocida en mi esencia y amada en mi aparente dualidad puedo escuchar la llamada angelical de una nueva consciencia. Una fuerza desafiante a la muerte actúa en mi vida. Esta llamada ha de ser atendida. Me hace renacer con un ser nuevo. Quizás me ayude el recordar la forma en la que viví mi nacimiento. Reconocer si fui deseado, y no juzgado por mi esencia. Apelar a los seres interiores que me reciben como un ser humano renacido y divino. Es el nacimiento del “Hombre Cósmico”. 

XXI EL MUNDO 

Lo he conseguido. El viaje desde el caminar aturdido del Loco hasta el Mundo realizado ha llegado a su fin. Una “mandorla”, símbolo de eternidad me protege. He recobrado la totalidad y estoy realizada en mis fundamentos de Inteligencia, Amor, Materia y Creatividad. Ellos sostienen mi Ser Cósmico, tanto como el Universo completo. Es el Alma del Mundo (Animus Mundi), Agente Universal que está en todas las cosas y nos une a todas ellas. Ya soy, conscientemente el Alma Universal. 







Arcanos menores / numerologia 2


ASES: Los Ases representan la unidad, considerada como un punto de partida que contiene y resume el significado de nueve números consecutivos.
Se refieren a algo que comienza, al nacimiento de un proyecto, al principio no manifestado del que deriva cualquier evento. Es la energía primaria, el “soplo” divino. Es activo, dinámico y marca el preludio de algo: la Creación. 

DOS: El dos simboliza la dualidad; la ambivalencia que se forma en asociación o en conflicto es la esencia de la dualidadCon los Dos es muy importante observar si se presentan en aspecto positivo o negativo; o es una complementación o una rivalidad.
Los Dos encierran la idea de relación entre los individuos.   Se debe salir de la unidad para crear un movimiento dual que origina lo Otro. 


TRES; El número 3 y la figura geométrica del triángulo indican la superación de la dualidad por la armonía de los opuestos que se realiza como una tercera posición. 
Son cartas que señalan el impulso que da al consultante su fuerza interior y que se manifiesta en un deseo de avanzar y de mirar hacia adelante.
Sólo cuenta el futuro! Los tres son cartas positivas, con la excepción del 3 de espadas que, mal situado en el conjunto de cartas de la tirada, puede tener connotaciones negativas.
Psicológicamente, es lo que hemos sido capaces de crear en nosotros a partir de la contraposición de los opuestos. Los Tres significan la actividad creativa representada en la noción de unidad y armonía. El triángulo, que es representado a veces conteniendo el tetragrama hebreo, o con el ojo divino que todo lo ve, es a la vez un símbolo de la trinidad y de la unidad. El ternario indica tanto la triple manifestación como la unidad indivisible del Ser. La multiplicidad externa revela la unidad interna. Manifiesta a la vez la relativa permanencia del Ser en la movilidad y su perfecta autonomía en la dependencia de sus componentes.


Los Cuatros son cartas que indican el establecimiento de un equilibrio que pone bases solidas en el presente para los proyectos futuros, que pueden comenzar con los mejores auspicios. El número 4 remite al simbolismo de la tierra y de la materia: los cuatro elementos, los cuatro puntos cardinales, las cuatro etapas de la vida (infancia, adolescencia, madurez y vejez), las cuatro estaciones, las cuatro fases de la luna. En aritmética el 4 es el cuadrado de 2, y su sumatoria (la adición de los números hasta cuatro) es la tetraktys de Pitágoras (1 + 2 + 3 + 4 = 10), indicando el comienzo de la manifestación. El 4 es el número de la realidad, de la Tierra en tanto que creación entera y manifestada. El 4 no simboliza la facilidad sino más el trabajo, el esfuerzo, la estructura y la organización.

Los Cinco anuncian una revolución en el dominio donde las cosas son más positivas. El número 5 está formado por la suma del primer número impar (3) y el primer número par (2), símbolo de la unión del principio divino y el principio productivo de la Materia. El 5 se encuentra en el centro de los primeros nueve números y, para los pitagóricos, es un número nupcial, el número de matrimonio cósmico del lo divino con el hombre y el número del centro, del equilibrio y de la armonía. Es el hombre inscripto en estrella de cinco puntas, el pentagrama, la estrella resplandeciente, que también representa a los cinco sentidos y las cinco formas de la materia de la materia que ellos captan. En China, el carácter wu (5) primitivo es la cruz de los cuatro elementos, además del centro. Cinco es el número de la existencia material y objetiva... Siendo un número impar, el número 5 no expresa un estado sino un acto. Simboliza la criatura y la individualidad. En los arcanos menores, el 5 indica una energía difícil de canalizar, que tiene cambios rápidos, siguiendo la ley de la evolución.

Los seis anuncian los cambios que ciertos obstáculos imponen a un recorrido. Esfuerzo, coraje y pasión Para serán necesarios para salir adelante y superarlos.
En numerología, el 6 corresponde al primer número impar, 3, multiplicado por 2, el primer número par. Indica una situación que está siempre en un equilibrio precario y difícil de mantener frente a las decisiones y elecciones que se deben hacer constantemente. Este número está simbolizado por dos triángulos entrelazados: uno apuntando hacia arriba, que representa lo espiritual, el segundo hacia abajo, representando lo material. En la simbología, la estrella de seis puntas, llamada el Sello de Salomón, simboliza la ley divina. Los alquimistas han hecho de ella uno de sus emblemas. El número 6 indica que la búsqueda de la armonía, el equilibrio, la estética y la belleza. Concierne especialmente al nivel emocional y sentimental. Puede anunciar la posibilidad de algún viaje.

El siete representan el resultado esperado, los éxitos, las victorias, el fruto de los esfuerzos al fin recompensados. El número 7 es el número que domina y perfecciona una situación. La terminación de un ciclo y su renovación. Según la tradición judeo-cristiana, Dios creo el mundo en seis días y descansó en el séptimo, que es un día sagrado. El sábado (Sabbat) no es algo exterior a la creación, sino que es el día de su finalización, de tarea cumplida, de perfección. Siete corresponde a los siete días de la semana, a los siete planetas astrológicos, a los siete grados de la sabiduría, a las siete cabezas del nadja de Angkor, etc. También aparece en muchas tradiciones: las siete Hespérides, las siete puertas de Tebas, las siete cuerdas de la lira, los siete emblemas de Buda. Siete es la suma del número 3 (el cielo) y el número 4 (la tierra), su valor secreto es de 28 (1 +2 +3 +4 +5 +6 +7 = 28), lo que nos lleva de nuevo a la unidad (28 = 2 + 8 = 10 = 1). En ese sentido, este número indica una disminución, una pausa, un reposo. Es una toma de conciencia indicando que nada puede hacerse en soledad. Es un número excelente para los estudios, escritos, los viajes, tanto interiores que exteriores. Es el número de la creación y de la invención.

Los Ocho revelan un equilibrio inestable, y una cierta confusión en la mente y en el alma. Se reposa demasiado en los logros alcanzados. Se han perdido de vista las metas reales y se descuidan los objetivos a alcanzar porque se hace una confianza excesiva en sí mismo y en sus posibilidades. El número 8 es el primer número cúbico (2 x 2 x 2 = 8), que es también el número 4 multiplicado por 2: hay demasiada oposición, una dualidad excesiva que no deja avanzar.  El 8 es el número de la justicia, del karma, de las deudas más bien morales que financieras, que hay que pagar en algún momento u otro. Tal como la Justicia del arcano VIII, esta carta señala la necesidad de abrir sus ojos y poner el orden alrededor de sí. En todas las tradiciones, el 8 es el número del equilibrio cósmico. Esto es a menudo el número de rayos de la rueda, desde la rueda céltica del dios Taranis hasta la rueda de la ley de los budistas.  El sendero de la realización es óctuple como así también, 8 es el número de pétalos de la flor de loto. En la India, un gran espacio dedicado al simbolismo está dedicado a la octava. Los brazos de Vishnu son ocho en total, correspondientes a los ocho guardianes del espacio. Los planetas son 8, dispuestos  en torno del Sol. Son ocho las formas de Shiva representadas en el templo de Angkor y también son ocho los lingas en torno del linga central. En la tradición cristiana, el octavo día, el que sigue a los seis días de la Creación y al sábado, es un símbolo de resurrección y transfiguración: anuncia no sólo la resurrección de Cristo, sino también la del Hombre. Notemos además que el signo matemático del infinito es una figura horizontal del ocho.

Los Nueve revelan una idea de novedad, que puede traducirse en encuentros, nacimientos o un cambio importante en la situación en la que aparece. En numerología, el nueve nos envía al significado del noveno arcano mayor del tarot, y al mismo tiempo, a algo que se está gestando, a una reflexión que conduce a un nuevo ciclo. De cualquier manera que se vea la situación revela un renacimiento y una reflexión orientada a sí mismo. La significación esotérica del número nueve es el espíritu divino. Es el símbolo del ideal, del saber, de lo espiritual, del altruismo, de la dedicación, la sensibilidad, la compasión y la generosidad, pero también el símbolo del repliegue, de la reflexión, de la insociabilidad, la timidez y la austeridad. En aritmética, el nueve es el tres que se multiplica por sí mismo. Adicionando los primeros nueve números (1 +2 +3 +4 +5 +6 +7 +8 +9), obtenemos 45, cuya reducción teosófica (4 + 5) es 9.

Los Diez indican el fin de un proyecto, ver la luz al final del túnel. La reducción teosófica del número 10 es naturalmente el número 1 que conduce a la unidad. Anuncia el inicio de un nuevo ciclo cuyos comienzos a veces no son fáciles. Diez es el número de la Tetraktis pitagórica, la suma de los primeros cuatro números (1 + 2 + 3 + 4). La década era para los pitagóricos el más sagrado de los números y la tetraktis el símbolo de la creación universal, sobre la cual ellos prestaban juramento. Todo derivaba de la tetraktis y todo remontaba a ella, era la imagen de la totalidad en movimiento. Esta idea se repite en el Tarot en el arcano mayor N° 10 “la Rueda de la Fortuna” que representa la actividad cíclica de toda la manifestación.

Las Sotas (jack knaves o valets) del Tarot están asociadas a lo que comienza, a infancia, la adolescencia y la primera juventud. Ellas constituyen un trabajo interno y una pasividad acentuada representada por su símbolo respectivo: una larga espada, un bastón macizo, una copa alargada y por dos dinares (oros). Ninguna de las otras tres figuras (caballo, reina, rey) tiene marcados los atributos de su palo de una manera tan importante. Las sotas siempre implican una idea de esfuerzo y de trabajo, una larga e incesante tarea a realizar. Están siempre de pie, bien afirmadas en el suelo, salvo la sota de copas que está en movimiento, marchando. La sotarepresenta al escudero que en la edad media estaba al servicio de un caballero antes de recibir él mismo el galardón que lo investirá como caballero. La sotatambién es el valet que se ocupa de la intendencia de un castillo, de una mansión, de una casa o de un señor. Si esta carta debe indicar una persona (hombre o mujer), ésta es joven o es alguien que tiene un espíritu jovial.

Los Caballos son cartas que anuncian un trastorno, una revolución en la vida. Ellos salen de la inmovilidad bajo el efecto del impulso de la evolución. Son dinámicos, ya no van a pie sino a caballo. En efecto, el caballo tiene eso de simbólico: es el “vehículo” que transporta al hombre hacia su destino. Pero el simbolismo del caballo también es ambiguo: tanto penetra en las oscuras profundidades del mundo subterráneo, portador de la vida y de la muerte, ligado estrechamente a la Madre Tierra y a la Luna, tanto brilla con esplendor solar evocando la sublimación y la iluminación. Concretamente, los caballos son siempre portadores de noticias, de viajes, de mensajes, de eventos y de situaciones que marcan un progreso hacia el destino. Si en una tirada de Tarot el caballo simboliza a alguna persona, ésta es una persona adulta joven o alguien con un espíritu firme, dinámico y decidido.

Las Reinas de los arcanos menores simbolizan mujeres que buscan y conquistan. En una tirada de cartas, indican en general no solo los sentimientos sino también la idea de posesión y de acumulación. Ellas están en correspondencia simbólica con la Emperatriz de los arcanos mayores, de la misma manera que los reyes lo están con el Emperador. Ellas representan, cada una con su propio estilo, la receptividad psíquica y espiritual, y al mismo tiempo aportan la sabiduría y la ponderación. Es un principio receptivo y creador, que recibe e ilumina los aportes del caballero (simbolizado en el Tarot por los caballos). La Reina es la compañera y la esposa del Rey, que representa el principio femenino con relación al principio masculino. Idealmente, ella debería aportar la suavidad, la comprensión, el amor y todo lo que concierne a la afectividad. Su función primordial es la de darle un hijo al Rey, tal como la función del Rey es la de de engendrarlo, para asegurar así la perennidad del trono. Si el Rey gobierna, ordena y organiza el Reino, la Reina se encarga de dar continuidad y fecundidad a la acción del Rey. Ella es el símbolo del esplendor, de la fuerza, de la tradición y de la energía que busca estabilidad. Ella es la base del Reino, de la misma manera que la mujer es la base y el apoyo de toda la familia. En las lecturas de Tarot en general ella indica el personaje y el principio femenino. A menudo representa la consultante en sí misma, pero también puede representar, los sentimientos, la tenacidad,  la palabra, la sabiduría y los consejos. Pero cada una de las cuatro Reinas tiene un marcado carácter individual que es necesario tener en cuenta en toda tirada de Tarot.

Una buena descripción de los Reyes del Tarot puede hacerse con referencia a la etimología del carácter chino Wang que designa al Rey. Este carácter está compuesto Wangde tres trazos horizontales que representan el cielo, la tierra y el hombre, unidos por un trazo vertical. El Rey tiene un rol intermediario y unificador, es el que da el impulso, ordena y abre el acceso a la materialización de la idea creadora. Los Reyes simbolizan la autoridad, el poder, la ley. Es el Hombre que está en la Tierra para representar el Cielo y la justicia divina, como lo indica la etimología del carácter wang. Los Reyes tienen la obligación de reinar y de hacer prosperar el reino en paz, justicia y equidad. En el plano concreto, el Rey representa al padre, al marido al compañero y la autoridad de la que se depende jerárquicamente. Sobre el plano superior, la imagen del Rey concentra los ímpetus de autonomía, de gobierno y de consciencia. Psicológicamente los Reyes simbolizan al Hombre, encarnan el poder, la idea de triunfo, las ganas de vencer y de alcanzar el éxito. Los Reyes en el Tarot están sentados sobre sus respectivos tronos, teniendo en la mano un cetro con los atributos de la familia sobre la cual ellos reinan: Espadas, Bastos, Copas y Oros.